LA HECATOMBE DEL MUNDO EMPRESARIAL

Con el pase a partir de las 11.30 de la mañana de la película francesa Happy End del cineasta austríaco Michael Haneke finalizan las magnéticas proyecciones de Actual 2018 en la sede de la Filmoteca Rafael Azcona. Otro título para marcarlo de cerca, dejarse intimidar por su sátira y apreciar otra propuesta acerca del sobrevalorado encanto de la burguesía. Antes lo había radiografiado con la habitual carga de desfachatez Luis Buñuel. Ahora coge el testigo el autor de La cinta blanca, figura clave del más reciente cine europeo y autor de gran influencia para muchos cineastas.

Se asocia a Michael Haneke con visiones y tratamientos argumentales devastadores. De su mirada y estilo han surgido una colección de las imágenes más inquietantes y feroces realizadas en los últimos tiempos. Sin embargo, Happy End, reformula sus intenciones y se muestra en un tono contenido, sin terminar de clavar la puya para derrocar a la cohorte de chanchulleros e infelices de su último trabajo.

Una familia de ricos industriales del norte de Francia vive inmersa en una crisis moral galopante. El declive empresarial y personal de sus propietarios regurgita por culpa de un accidente de fatales consecuencias acaecido en una de sus construcciones: un obrero que no ha respetado las medidas de seguridad ha sido sepultado por la caída de un muro de contención.

El grave incidente le sirve a Haneke para explorar el grado de inmoralidad y desafecto humano de un puñado de personas que pretenden minimizar el asunto y evitar que el contratiempo se filtre a la prensa. En este sentido, Haneke no se desmelena y contempla la situación con cautela. Pero sin perder la mala baba y la tétrica mordacidad que le caracteriza. Desmitifica a la clase empresarial y vincula sus torticeras maniobras con el modo de actuar de los gangsters más siniestros. A la vez que afila los colmillos para trazar el negruzco porvenir de una clase social tan satisfecha que es incapaz de ver y asumir los problemas más inmediatos de Europa. Un zasca para introducir un apunte sobre la inmigración en una escena buñueliana como hipérbole de la crisis de los refugiados visto desde la perspectiva metafórica de ocaso y decadencia de una clase dirigente insensible y disfuncional.

Michael Haneke, extraordinario director de actores, vuelve a contar con Jean Louis Tintignant como un desvalido George, dueño de la mercantil, en el que palpita la desazón por la ignominiosa actitud de su hija, Anne, encarnada con rigor por ese pedazo de actriz que es Isabelle Huppert. Mathieu Kassovitz interpreta a Thomas, hermano de Anne, alguien tan harto y quemado que se erige como la conciencia social de una casta en fase de derribo. En este desolador ambiente de ricos tarados y sucias maniobras, Michael Haneke se mueve con gran soltura, aunque algún paño caliente da a entender que rebaja su inquina por un grupo de personajes desnaturalizados que en su inmersión en el pozo del cinismo más desalmado piden a gritos al árbitro la hora para neutralizar su deshonra total.

La hoja de ruta de uno de los actos cinematográficos considerados poco menos que un buque insignia de todas las muestras Actual como es la maratón de cine llega hoy a las pantallas del complejo de salas 7 Infantes con la aureola de prometer un despliegue audiovisual en el que se van a mezclar tres estilos completamente diferentes.

En la hibridación de propuestas radica su músculo y potencia. Y los títulos seleccionados responden a los más exigentes criterios para dar forma a una sesión de resistencia avalada por las resonancias que estas películas han cosechado en su paso por los festivales de cine. Incluso la idea de colocar un largometraje de animación fortalece la línea continuista con este género que tan excelentes muestras ofrece a lo largo de la temporadas de exhibición.

Si durante el resto de jornadas se han estado proyectando filmes oscuros y sombríos, dramas enervantes y temas ásperos, esa sensación de combate, sin tregua, se mantiene, al menos en las producciones provenientes del norte de Europa, como modelo conductor también en la velada nocturna.

En ese fragor de emociones, que es una constante en las intenciones de los realizadores, el cálido y emotivo homenaje que se le brinda al infortunado pintor holandés Vincent Van Gogh en "Loving Vincent", del tándem creativo formado por Dorota Kobiela y Hugh Wellchaman, tiene su parte triste y sufridora, pese a la bella textura visual de la película. Es un filme de animación soberbio y casi mágico. La paciencia y determinación de sus responsables para dibujar en la pantalla a modo de un lienzo la técnica pictórica del desdichado y atormentado pintor es un ejercicio apasionante y un espectáculo para la vista.

El espectador se puede quedar atónito y fascinado por el alcance del filme. Sus recursos y puesta en escena son meticulosos y de una sensibilidad por el arte sin paragón. Todos los planos que suceden en tiempo presente semejan con una exactitud preciosa y pintados al óleo el estilo y visión paisajista y retratista de Van Gogh. La calidad del color, el movimiento, los gestos de los personajes, la descripción del ambiente amalgaman una estética elaborada y suntuosa, generando un vendaval de adhesiones inquebrantables.

La acción de 'Loving Vincent' acontece un mes después de la muerte del atormentado pintor. El hijo de un cartero desea entregar a algún pariente una carta dirigida a Van Gogh. Motivo que da pie a indagar en la personalidad del autor con testimonios de la gente que lo conoció como repasar algunos episodios de su vida que se cuentan en flash backs y están tratados en blanco y negro. Actores como Douglas Boot y Saoirse Ronan prestan su imagen para convertirse en dibujos animados.

Inquietante, perturbadora y provocativa es la producción noruega 'Thelma', de Joachim Trier (El amor es más fuerte que las bombas). La primera escena es cortante y te deja sin aliento. Un hombre, en medio de un lago helado, apunta con su escopeta a su hija que viste un abrigo rojo. La cámara, en zoom, avanza hacia sus ojos. ¿Por qué? ¿Qué ha hecho la niña? ¿Se merece ese destino? En el siguiente corte vemos a Thelma en la universidad. Comienza su aventura y la intriga del espectador por saber quién es esta joven. Y los motivos que llevaron a su padre intentar matarla. La chica se ha criado en un torno muy religioso. Es una cristiana dogmática. Reservada y estricta en sus modales. No empatiza con facilidad y le cuesta socializar. Pero conoce a Anja, una amiga de estudios y comienza a liberarse. Acude a fiestas, prueba el alcohol, fuma, se besa con Anja y se debate en contradicciones. Tiene fantasías sexuales, sueña con animales y todo el tono tiene un aire fantástico, con ingredientes sobrenaturales, que crean un estado de ánimo lleno de tensión e incertidumbre. No menos placentero es su segunda parte, más científica, que se adentra en el terreno de la psiquiatría y psicoanálisis para tratar de aclarar no sólo el extraño comportamiento de Thelma si no el origen de sus convulsiones.

'The Nile Hilton Incident', escrita y dirigida por el realizador de origen sueco Tarik Saleh es un thriller negro sobre la corrupción policial en El Cairo y sus ramificaciones con los chanchullos de un parlamentario que es a su vez propietario de una empresa de construcción. Noredim Mustafá es un policía facineroso, que acepta sobornos y que suele hacer la vista gorda. La investigación sobre el asesinato de una cantante en una habitación del hotel Hilton la emprenderá como una misión para redimir su pasado. Sus pesquisas involucrarán a gente poderosa y le conminarán a que deponga su actitud. Correcto y entretenido filme de suspense que no sólo aborda el tema enviciado general del país sino que toca otros asuntos y que por su factura e intenciones recuerda a los recordados thriller italianos de los años 70 que hincaban el diente en la galopante suciedad de sus instituciones. Además como trasfondo social y político la acción se sitúa en la víspera de las revueltas populares que terminaron con el derrocamiento del presidente Hosni Mubarak.

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