«Hablar de Melchor Rodríguez es incómodo para la izquierda»

Rubén Buren Dramaturgo, músico, guionistaLa figura de su bisabuelo Melchor Rodríguez y de su familia han marcado muchas de las obras de Buren y, sobre todo, su condición de anarquista

E. ESPINOSA LOGROÑO.

Melchor Rodríguez defendió a ultranza, aun a riesgo de su propia vida, aquello en lo que creía. Paró las sacas de las cárceles y fusilamientos como los de Paracuellos. Encarcelado en numerosas ocasiones, también fue director de Prisiones, y como tal evitó vejaciones en las cárceles y ejecuciones arbitrarias. Rubén Buren no solo conoce de primera mano la peripecia vital de su bisabuelo, sino que se afana en difundirla.

-Durante la escritura de 'Os salvaré la vida', ¿ha descubierto algo nuevo sobre su bisabuelo?

-Llevo años investigando sobre Melchor, colaboré con Alfonso Domingo en su libro ('El ángel rojo'), entrevisté y escribí una obra de teatro sobre mi abuela (Amapola, hija de Melchor), buceé en fuentes, archivos y en cosas que teníamos en casa. Lo que me ha sorprendido de Melchor es que no tiene nada corrupto, deplorable, malo, feo...; fue íntegro hasta el final. Es como ser biznieto de Jesucristo.

«El 'ángel rojo' fue íntegro hasta el final. Para mí es como ser biznieto de Jesucristo» (Burel)

-La mujer de Melchor quizá no diría lo mismo.

-Las pequeñas cosas que tuvo se refieren más al tema personal, a los toques machistas. Aquellos anarquistas se planteaban el machismo como algo a atacar pero, claro, estamos hablando de la prehistoria del movimiento feminista.

-¿Por qué la historia no ha sido justa con la figura de su bisabuelo?

-No está siendo justa. Hablar de Melchor significa, para la izquierda, hablar de la represión en la retaguardia republicana y eso es un tema incómodo. Desde algunos sectores de la izquierda hay una lectura muy buenista del tema, cuando en la República se mató y mucho. Son muertos igual que los del otro bando, y son nuestros abuelos, los de unos y otros, aunque aún quede feo hablar de ello. Es muy raro encontrar un tío que haya salvado a más de 20.000 vidas.

-¿Tantas?

-Ten en cuenta que salva a los presos de Madrid y provincia, y en su casa acoge a decenas de personas durante toda la guerra. Mi abuela Amapola (su hija) me llegó a hablar de 50 o 60 personas por las noches y unas 20 por el día. Y hay a mucha gente que salva llevándola de una lado para otro, a embajadas, a Francia...

-Joaquín Leguina aborda en el libro las partes complicadas del socialismo y usted, las del anarquismo, un loable ejercicio...

-Una de las cosas que tenemos que recoger de Melchor es precisamente eso, el diálogo. Hay que escuchar al que no piensa como tú porque, cuando entiendes las ideas del otro, te das cuenta de que no estamos tan lejos, es todo mucho más fácil . Es más fácil la convivencia, y tenemos que convivir queramos o no.

-¿Cuánto ha pesado la figura de Melchor en su condición de anarquista?

-Un 93%, más o menos. Yo me he criado escuchando las aventuras de este héroe, pero en casa, porque fuera no se podía hablar de ello. Tenemos que dejarnos de maniqueísmos. A menudo pregunto: '¿Qué hubieras hecho en el 36? ¿En qué lado estarías?' y espero que no lo sepamos ninguno jamás.

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