NOS GUSTAN LOS ZOMBIS

CARLOS SANTAMARÍA - ANECDOTARIO

La actual moda de los zombis no se puede comprender sin George A. Romero, el director estadounidense cuya película de 1968 'La noche de los muertos vivientes' fue un punto de inflexión en el cine de terror y en el propio 'fenómeno zombi'. Romero acaba de fallecer y con su muerte toca volver a analizar esta tendencia global, porque los dedos grises y carcomidos de los zombis han ido infectándolo todo: los cómics, las series, los videojuegos y por supuesto el cine y la literatura.

La primera película de muertos vivientes se estrenó en los años 30 del siglo pasado con el título 'La legión de los hombres sin alma' y desde entonces estos seres apolillados deambulan a sus anchas por nuestro mundo con la simpatía general del espectador. No es extraño que lo hagan, pues la corrección política que contamina cada aspecto de nuestras vidas hace que la cultura del entretenimiento haya tenido que ir buscándose toda clase de estrategias para encontrar antagonistas a los que cortar el cuello. Ya no está está bien visto que un vaquero persiga indios, no se tolera que los franceses maten nazis, molesta que los malos sean espías rusos o americanos y hoy sería impensable aquella famosa escena en la que Indiana Jones saca su revólver y descerraja un tiro soberbio al pecho de un árabe con turbante; habría quejas en la embajada. Hay que autocensurarse, no vaya a ser que alguna minoría se enfade, por eso triunfan las series en las que el mal lo encarnan orcos, replicantes, caminantes blancos o zombis. Lo escribió Pablo Blázquez en la revista Ethic: «La corrección política produce monstruos».

Los muertos han salido de sus sepulturas para quedarse entre nosotros y en el fondo también nos gustan porque plantean un escenario con el que todos hemos fantaseado alguna vez, un mundo apocalíptico sin un despertador sonando a las 7:20 de la mañana en el que no hay atascos ni papeleos.

Reconocemos las historias de zombis porque los vemos a diario comprando en rebajas, cruzando las calles enganchados al móvil o acudiendo a votar.

George A. Romero, que nació en Nueva York pero era de padre gallego, ya lo reveló una vez en una entrevista: «Mis películas van sobre la vida. Sobre lo que pasa en la vida».

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