«Me gustan los personajes, pero, por encima de todo, me atrae la acción»

Milagros Frías. :: sonia tercero
/
Milagros Frías. :: sonia tercero

La novelista huye del vacío afectivo de la era virtual para ambientar la historia de «una mujer que busca reinventarse» Milagros Frías Escritora

J.S. LOGROÑO.

En cierta ocasión, Milagros Frías, lectora antes que escritora, se cruzó casualmente con Gabriel García Márquez en Madrid y le saludó como admiradora suya. Tras el encuentro, recuerda ella, el autor de 'Cien años de soledad' se despidió pidiéndole irónicamente no inculcar a sus hijos el hábito de la lectura. Muchos años después, frente a un pelotón de fotógrafos, Milagros se tomó su pequeña revancha de la anécdota con el Nobel colombiano: «Si algo hay que hacer -dijo ayer al recibir el Premio Logroño- es llevarle la contraria a García Márquez. Inculquen a sus hijos el placer de la lectura».

-¿Háblenos de su novela?

-'El corazón de la lluvia' es la historia de Laura, una joven que, tras una estancia en el extranjero, viviendo en una gran ciudad, trabajando en un trabajo insatisfactorio, decide regresar a España y reinventarse.

«Es de máxima actualidad novelar a esa generación forzada a cambiar de vida porque aquí no hay trabajo»

-¿Cuál es su principal motivación?

-La de una mujer que huye de una vida que no le gusta.

-¿Experiencia propia o ficción?

-Me pareció un tema de máxima actualidad novelar a esa generación que se está viendo forzada a cambiar radicalmente su forma de vida sencillamente porque tiene que comer cada día. Y me pareció que ese contexto de una mujer que viene de trabajar en Oriente, en una megaurbe, viviendo en un apartamento pequeño, obligada a desplazamientos larguísimos y penosísimos, con una soledad acuciante que no resuelve al estar de paso porque la cambian de destino con frecuencia, lleva a una insatisfacción vital que a la fuerza le hace huir de esas circunstancias que le están atosigando para intentar reiniciar una nueva vida.

-¿Trata sobre el desarraigo de ida y vuelta?

-No. En España el trabajo no es fácil para nadie y Laura cuando regresa ya no tiene un sitio concreto en el que quedarse. Decide irse a Galicia a hacerse cargo de una finca junto a un pequeño pueblo y allí encaja bien. Todo empieza a encauzarse y parece que el momento de la dicha ha llegado cuando estalla el conflicto. No hay desarraigo, pero es verdad que en estos paraísos que a primera vista son fáciles y te llenan de plenitud hay una ley universal que los muta en todo lo contrario.

-¿El género es ?

-Es una novela con elementos de rural. Ese conflicto al que me refiero y que no quiero desvelar genera un clima que tiene mucho en común con la novela negra y en ese aspecto podría clasificarse con esa etiqueta un poco chic. Pero hay también un componente muy importante de relaciones afectivas, de amistades y emociones que son importantes a todos los niveles de la vida.

-¿Cómo es Laura?

-Como en mis últimas novelas, es una mujer fuerte, dispuesta a enfrentarse a circunstancias adversas con tal de vivir la vida que quiere vivir. Y esto le ocurre en Galicia.

-Es paradójico que regrese a una tierra de tradición emigrante.

-No he buscado esa paradoja, pero se produce. El campo gallego, como tantas otras zonas rurales de España, se está despoblando. Y, contradictoriamente, en estos sitios donde cada vez hay menos vida y menos actividad es donde más fácil resulta reinsertarse. Es un hábitat rural donde la gente cada vez es mayor y ya no puede atender sus propiedades. Eso genera que en el entorno de Laura haya una serie de personas jóvenes que están desempeñando esas tareas, cultivando los campos, cuidando el ganado, renovando la rueda de la vida... Porque el único vínculo de la continuidad de la vida se rompe si no llega gente de fuera para hacerse cargo.

-O sea, regresar a los orígenes huyendo de la alienación moderna.

-La contradicción radica en que estamos con un anhelo inmenso yendo a las ciudades a meternos en un nicho y a llevar una vida anodina cuando tenemos la oportunidad de disfrutar de otros sitios donde la vida sí lleva el paso del hombre.

-¿Y el siglo XXI?

-Y hay un tercer elemento fundamental en la novela que está vinculado al personaje más misterioso, y es este componente de cambio radical de una civilización tecnológica a otra virtual que no sabemos muy bien dónde va a llevarnos. Frente a eso, lo que más nos gratifica es una conversación, unas risas, alegrarte por tu familia, por tus amigos... este tipo de cosas y no lo virtual, que, en el mismo momento en que lo recibimos, ya estamos pasando a otra cosa y ya se nos ha olvidado sin dejarnos ninguna huella.

-¿Emoción, personajes, acción... qué define mejor su estilo?

-Me gustan los personajes, pero, por encima de todo, me atrae la acción.

-¿Ha habido evolución en su carrera literaria?

-Es difícil para mí describir mi propia evolución, pero puedo decir que sigue habiendo la misma complejidad al afrontar una novela que cuando escribí la primera. La diferencia es que ahora sé más, tengo más oficio, he vivido más y me resulta más fácil dotar a la narración de esa complejidad que hace que las novelas tengan más profundidad y que ese componente lúdico que también busco, tenga más envergadura.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos