El Guggenheim recrea la aventura en las fronteras de la percepción de Henri Michaux

En la exposición. /  L. TEJIDO/EFE
En la exposición. / L. TEJIDO/EFE

M. LORENCI

bilbao. De las ciencias a la música. De la literatura a la etnografía. De la caligrafía y los signos al azar, las drogas y los estados alterados de la mente, nada humano le era ajeno a Henri Michaux (Namur, Bélgica, 1899 - París, 1984). Explorador de paraísos reales y artificiales más allá de los límites de la percepción, de los efectos creativos y liberadores de sustancias como la mescalina, el LSD, la psilocibina o el hachís, poeta, músico, narrador e infatigable viajero, fue Michaux un cartógrafo de la imaginación y precursor, quizá a su pesar, de la psicodelia y el 'underground'. El Guggeheim de Bilbao penetra ahora en los recovecos de los procesos mentales y plásticos de una de las figuras más enigmáticas y poliédricas de la cultura del siglo XX. Lo hace a través de más de 200 obras, documentos y objetos reunidos en 'El otro mundo', muestra comisariada por Manuel Cirauqui en torno a tres temas cruciales para el intelectual y artista francobelga: la figura humana, el alfabeto y los signos y los estados alterados de la conciencia. La fama de sus dibujos «mescalínicos» es toda una paradoja para un creador que siempre se definió como «un sobrio bebedor de agua». Que experimentó con las drogas «con rigor, curiosidad científica y creativa; siempre bajo supervisión médica y con enorme respeto a su carácter sagrado y cultural», según Cirauqui. Franqueó Michaux los umbrales de la conciencia en sesiones controladas por el neurólogo vasco Julián de Ajuriaguerra y casi siempre junto a la efigie de Mescalito, una figurilla de inspiración precolombina adquirida en México que se muestra en Bilbao. Unas experiencias de las que daría cuenta en textos que siguieron legiones de jóvenes del 'flower power'. Y eso que «Michaux no fue jamás ni un jipi, ni un adicto a sustancias psicoactivas como el peyote, la mescalina o el ácido lisérgico. No tenía interés por la ebriedad y sí por cartografiar la percepción», explica el comisario.

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