Las guerras causan la mayor ola de refugiados desde la contienda mundial

Refugiados somalíes esperan la ayuda humanitaria. :: efe/
Refugiados somalíes esperan la ayuda humanitaria. :: efe

Los expertos denuncian que seis de cada diez hambrientos viven en zonas de conflicto, que han disparado la desnutrición planetaria

A. T.

madrid. Abatjouk Aguerr lleva más de tres años refugiada en un asentamiento en Adjumani, Uganda. No sabe nada de su marido desde que en 2013 comenzó la guerra civil en Sudán del Sur. Salió corriendo de su aldea, junto a su hijo y su sobrina, cuando los soldados entraron a sangre y fuego y, como otras 700.000 sudanesas, huyó sin nada al país vecino. Cuatro millones han dejado sus casas y siete millones y medio dependen de la solidaridad vecinal y de la ayuda humanitaria para sobrevivir, en un territorio con hambruna oficial y brotes de cólera que campan a sus anchas.

La historia de Abatjouk, salvando los matices, es casi idéntica a la de otros 489 millones de habitantes del planeta. Las guerras que se libran en sus territorios, en más de 40 países, con especial virulencia en el centro de África, los han condenado a la indigencia y el hambre. La ONG Acción contra el Hambre ha puesto en marcha una campaña para denunciar que la acelerada multiplicación de las guerras en los cinco continentes es la principal culpable de que el hambre y la desnutrición repunten este siglo, de que en 2016 aumentasen en todo el planeta después de trece años, desde 2003, de continuos descensos. De que ya para muchos sea casi imposible alcanzar uno de los retos institucionales del nuevo milenio, erradicar el hambre en el mundo para 2030.

Su informe, titulado 'Las guerras disparan hambre', demuestra con claridad los vínculos entre la guerra y el aumento del hambre y del número de refugiados. «La curva de crecimiento del hambre es paralela a la curva de crecimiento de los países en conflicto», aseguró ayer Olivier Longué, director general de la ONG. La guerra se ha extendido sin parar, pero aun así, solo alcanza a un cuarto de los países del mundo. Sin embargo, en estos territorios es donde viven seis de cada diez ciudadanos que pasan hambre y, lo que es aún más duro, ocho de cada diez menores de cinco años con desnutrición crónica, unos 122 de los 155 millones de niños hambrientos.

«Arma de destrucción»

La imagen de esta devastación es la de las largas colas de los refugiados y la de los campamentos caóticos e insanos que los acogen. En 2016 se batieron todos los récord de refugiados, con 66 milllones, desde la Segunda Guerra Mundial. La proliferación de los conflictos ha hecho que la cifra de refugiados se haya duplicado en solo ocho años, de 2007 a 2015. Acción contra el Hambre estima que más de la mitad de estos desplazados, que en la actualidad pasan de media hasta 17 años en campos de acogida, huyen directamente de la violencia, que les ha obligado a abandonarlo todo.

La ONG denuncia que no solo la guerra en sí provoca hambre, sino que hay muchos grupos armados que utilizan el propio hambre, violando todas las prohibiciones internacionales, como «arma de destrucción masiva», con la inclusión de la quema de cosechas, el asesinato del ganado, la destrucción de pozos, el bombardeo de mercados o las trabas para la llegada de la ayuda humanitaria dentro de su estrategia militar. Calculan que los conflictos armados reducen anualmente un 17,5% el PIB del país y que, en cinco años, acaban con su economía. «El hambre es un arma extremadamente barata», se lamenta Manuel Sánchez-Montero, director de incidencia de Acción contra el Hambre.

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