GRAVE PERCANCE DE 'PIRRI'

BARQUERITO - CRÓNICA DE TOROS

La corrida del Puerto fue una monumental exageración. Aunque el promedio de los cinco toros del hierro titular no superó el listón de los 600 kilos, llamaron la atención las carnes tan desproporcionadas, disparatadas en el caso de primero, cuarto y quinto de sorteo. Tres toros cinqueños, que se jugaron en turno impar. Y dos cuatreños que, por comparación, parecieron volátiles. Extraordinariamente abanto el primero, que no cabía en la plaza. El quinto pegó derrotes por falta de fuerza. Derribaron ese quinto y un segundo estrecho, descarado, un perchero tremendo, sacudido. Claudicaron casi todos.

La corrida quedó marcada por un horrible percance. En la reunión del primer par de banderillas con el gigantesco toro que partió plaza, y por no pasar en falso, Pablo Saugar 'Pirri', se vio apurado en la cara del toro, no salió a tiempo y el toro hizo presa con un derrote seco. El cuerno en el vientre, el torero volteado y encampanado, un pitonazo en la cara cuando estaba cayendo de cabeza. La impresión fue brutal. Pendiente de parte médico, cornada en el bajo vientre con múltiples destrozos. Un pitonazo en la cara. Tuvo que ser intervenido en la enfermería de la plaza.

Curro Díaz se hizo de ánimo, brindó al público y, listo, seguro y hábil, bien asentado y compuesto, acertó a manejar el toro, que perdió mucho las manos por la derecha y, como todos los toros codiciosos pero sin fuerza, derrotó por la izquierda. Demasiado larga la faena, pero iba a ser tarde faenas agotadoras, interminables, populares digamos, y ese primer trasteo de Curro pareció, sin serlo, el colmo de la precisión.

Paco Ureña se eternizó en los dos turnos: pausas, paseos, tiempos muertos y vuelta a empezar. Por una estocada valerosa cobró una oreja del segundo atanasio, pronto pero descompuesto. Con el quinto el trasteo sin sustancia se hizo eterno. José Garrido, que debutaba en Pamplona, anduvo sin fe ni rumbo y recorrió toda la plaza con el tercero, el más largo de los cinco del Puerto y el de más entrega. Curro Díaz resolvió con el cuarto, que lo desarmó demasiadas veces y cuando intentó sin razón ni éxito el toreo de desmayo.

El Huracán famoso desde las ocho de la mañana fue el toro de la tarde con enorme diferencia. De rodillas, en tablas y por alto abrió Garrido faena en un guiño al sol que en realidad se celebró más en la sombra. Un segundo tramo de faena en los medios bien acoplado. Dio el toro para mucho más.

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