GRAN SEÑORA DEL CANTE

PABLO GARCÍA-MANCHA - CRÍTICO DE FLAMENCO

Carmen Linares dejó un concierto como una joya, una especie de belleza sostenida en diferentes capítulos, tiempos y escenarios. Un relato de sí misma, de una dama del cante grande que ha marcado una época en el flamenco siendo absolutamente fiel a principios como su verdad artística, su búsqueda de caminos alejados de cualquier rasgo pretendidamente comercial, su coherencia y una elegancia que permanece inmarchitable como una primavera que no se retira nunca de los calendarios. Carmen, como diría el propio Miguel Hernández, es una mujer resuelta en lunas, una papisa del cante jondo, una voz que estimula la conciencia más íntima para pasear su conocimiento por los parnasillos musicales más cercanos a la felicidad. Su voz, mecida por años de escenarios y grabaciones, sutil, profunda y sin aristas, ha dado paso del vigor a un profundo estremecimiento que llegó a una singular cúspide cuando cantó el Niño Yuntero con esqueleto de malagueña y verdial, con el cante de Carmen completamente roto y entregado en un desafío al tiempo y a los espacios para lograr una pieza absolutamente conmovedora y precisa.

Una de las joyas que nos fue regalando Carmen con el gran guitarrista Salvador Gutiérrez, que se estrenó en este ciclo el año pasado de la mano de Mayte Martín y que llegó ayer a Logroño con un compás absolutamente nítido en los trastes de su guitarra. Hubo bellezas como la canción de los vendimiadores, las soleá, los tangos de la Niña de los Peines con los que se presentó o la siguiriya precedida de la toná en la que bailó como una reina Vanesa Aibar, técnicamente perfecta, angulosa, con un providencial juego de manos, con aires casi griegos en su portentosa esculturalidad, y un afán muy moderno de movimientos en los que me pareció que se deslizaron ademanes y ecos de Israel Galván, inolvidable siempre por su magistral Edad de Oro que tanto nos hizo disfrutar con la voz de Fernando Terremoto hace unos años.

Pero por la voz de Carmen Linares también afloraron otros poetas como Federico García Lorca o José Ángel Valente, uno de los escritores más recónditos de nuestra literatura, uno de esos olvidados por la infamia de la modernidad. Carmen lo cantó por las siguiriyas de su libro 'Nadie' dedicado al hijo que murió del poeta : «Tú duermes en la noche sumergida... estás en paz. Yo araño las paredes de tu ausencia, tus cenizas y lloro sangre».

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