GIGANTESCA NOCHE CON EL PELE

PABLO GARCÍA-MANCHA - CRÍTICO DE FLAMENCO

Es difícil, casi imposible, explicar en estas humildes líneas la soberbia actuación de manuel Moreno Maya 'El Pele' en el primero de los conciertos de este ciclo que se celebran en el Salón de Columnas. El cantaor cordobés dejó un concierto memorable en todos los sentidos, una actuación que cautivó desde el primer momento y que mantuvo el diapasón por las nubes durante todos los instantes y latidos del alma de este genuino artista, que llegaba a Logroño arropado por esa leyenda que siempre le ha sobrevolado: la de un tipo único, alejado de los focos de la comercialidad y que siempre ha marcado cada uno de sus pasos por una personalidad y un hacer las cosas diferente a casi todo el mundo.

Se ha convertido en un cantaor de auténtico culto, por mucho que esa definición pueda resultar manida por recurrente en demasiadas ocasiones. Pero es que además, 'El Pele' se encuentra en un momento artístico impresionante. Sobrado no, sobradísimo de facultades, hace con su garganta lo que le viene en gana cuando y como le apetece. Es un cañón, una barbaridad canora en la que juguetea con las notas en melismas asombrosos por dulces cuando desea y tenebrosamente profundos cuando el cante marca la intensidad que él desea imprimir con su garganta hundiendo las notas en el estómago. Canta y contiene la respiración, mastica las palabras, las deposita en misteriosas bandejillas de plata, las corta, las troquela, las deja suspendidas en el aire y las vacía siempre con una maestría y un gusto que hacen de su cante una verdadera belleza en cada palo. Por fandangos, por soleá, por malagueña, por alegrías, cantando Alfonsina y el mar o los estribillos memorables de Manuel Molina. A todo llega, hasta cuando declama e intercala su voz de la judería cordobesa con el infinito de Camarón o Enrique Morente, la Estrella y la Pelota. Todo eso y mucho más le cabe en la gramática de sus cuerdas vocales.

De su última actuación en Logroño (fechada en 2012) hasta lo vivido el jueves la realidad es que siendo el mismo cantaor, da la sensación que se ha despojado de cualquier corset (aunque lleva más de cincuenta años en los escenarios, que se dice pronto) y canta con la absoluta libertad de quien lo sabe casi todo (no digo todo porque resultaría una pedantería) y lo hace trascender no como una declaración de sapiencia sino como un absoluto disfrute en el escenario. Mano a mano con 'Niño Seve', un extraordinario guitarrista también de Córdoba que no sólo estuvo a la altura de Manuel sino que dejó un buen manojo de buen toque en pureza absoluta, rítmica y originalidad.

Puso Manuel el nivel del ciclo por las nubes, el público asistió atónito a su demostración (muchos no esperaban su maravilloso momento) y dejó un concierto flamenco repleto de matices musicales inéditos. Hubo color, calor, compás y ternura. Hubo cante grande, jondo, una vidalita inolvidable y mucho arte. ¡Vaya usted con Dios, admirado Pele!

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