El genio vivo y desobediente del 27

Alberti, García Lorca, 
Juan Chabás, Mauricio 
Bacarisse, José María 
Romero Martínez, 
Manuel Blasco Garzón, 
Jorge Guillén, José 
Bergamín, Damaso Alonso 
y Gerardo Diego, en 
el Ateneo de Sevilla./
Alberti, García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, José María Romero Martínez, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Damaso Alonso y Gerardo Diego, en el Ateneo de Sevilla.

Hoy se cumplen 90 años del 'nacimiento' de la brillante generación de la Edad de Plata «que debió ser de Oro»

MIGUEL LORENCI

Madrid. Sostiene José Manuel Caballero Bonald que el 16 de diciembre de 1927 se reunió en el Ateneo de Sevilla una panda de jóvenes desobedientes. Él ha seguido la estela de aquellos reventadores del canon, unos poetas amistados, disidentes y señoritos que hace hoy 90 años se dejaron invitar por el torero Ignacio Sánchez Mejías para conmemorar el tercer centenario de Luis de Góngora, oscuro y olvidado autor de las 'Soledades'. Su díscolo ADN pervive en poetas de hoy como Antonio Lucas o Benjamín Prado, que incorporan a su poesía la del 27 «tan fresca que parece escrita pasado mañana», dice Prado, poeta y amigo de Alberti.

Aquel encuentro fue el germen de «la más brillante generación de poetas y creadores del siglo XX en cualquier lengua y en cualquier lugar», sostiene sin complejos Alejandro Sanz, antólogo de Vicente Aleixandre, ganador medio siglo después de un Nobel que era para todo el grupo. La heterogénea generación que bautizó Dámaso Alonso protagonizó una «Edad de Plata que habría sido de Oro», coinciden Sanz, Lucas y Prado, si la guerra y el exilio no les hubieran triturado.

«El genoma del 27 está en todos los poetas de hoy», apunta Lucas, premio Loewe, periodista y orgulloso 'cofrade' del 27, que en 1932 publicó el volumen que fijó la nómina canónica: 'Poesía española. Antología 1915-1931'. «Es un surtidor de ideas, estímulos y voces poéticas», reconoce. Alaba su «repertorio plural, de la poesía pura de Guillén al surrealismo desatado de Lorca en 'Poeta en Nueva York' o la condición moral del último Cernuda; un caladero del que nos seguimos alimentando». Revitalizaron la poesía «desde la divergencia y con voces muy diversas».

Reunidos al grito de 'Viva don Luis', aquellos airados poetas «no disponían, salvo algún contagio ambiental, de afinidades estéticas destacables -apunta Caballero Bonald- más allá de su efusiva devoción por la poética gongorina». Acabaron casando tradición y vanguardia. «Bonald tiene razón al asegurar que la disidencia plural está en el espíritu del 27», admite Lucas. «No hubo un programa poético ni manifiestos como en otras generaciones. Solo la condición natural de unos poetas que se hacen en un contexto muy parecido y en un tiempo común», precisa.

Su denominador común, si existió, fue la oposición al imperante gusto académico y la celebración de la transgresión de Góngora que prefigura la de sus propias poéticas. Un aire gongorino que, según Caballero Bonald, está en los poemarios más brillantes de aquellos genios desobedientes: 'Perfil del aire' (Cernuda), 'Cántico' (Guillén), 'Sobre los Ángeles' (Alberti), 'Poeta en Nueva York' (Lorca), 'Seguro azar' (Salinas), 'Manual de espumas' (Gerardo Diego) o 'Ámbito' (Aleixandre).

Constituyeron una Edad de Plata de las letras que a buen seguro sería de Oro si la guerra y el exilio no hubieran quebrado el espinazo moral y creativo de aquel brillante y heterogéneo florilegio de poetas. «Imaginemos que Lorca hubiera culminado su carrera. Estaríamos hablando de la generación literaria mas importante de Europa en el siglo XX», aventura Lucas.

Una generación que también se miró «en Juan Ramón Jiménez y su capacidad para fundir la tradición del Siglo de Oro con una voces nuevas». «Les aglutina la vanguardia, incluso en autores tan poco vanguardistas como Guillén», apunta Lucas

¿Recibió Vicente Aleixandre el Nobel que merecían Lorca, Cernuda o Alberti? Lucas y Prado creen que sí. «Se mantiene en España al margen del franquismo. Era el superviviente, un gran poeta como Guillén, pero su poética refleja mejor la resistencia interior, sin dejar de hacer una obra importante soportando el ostracismo. Su Nobel fue para toda su generación, el que hubieran merecido Lorca, Cernuda, Guillén o Alberti». «Es un Nobel paradójico, para un gran poeta muy silenciado en casa, que hay que reivindicar y levantar», dice Lucas.

Revirtieron la poesía sin ser poetas revolucionarios. «Eran burgueses. Señoritos, unos más que otros. La revolución quedaba muy lejos de sus principios, salvo para el comunista Alberti», acota Lucas. «Tenían esa vocación de voltear la poesía, pero no hubiera sido posible sin Juan Ramón, que dejó a todos asombrados al publicar en 1916 'Diario de un poeta recién casado'». «Juan Ramón fue la pértiga. Un ventarrón de aire nuevo y vivificante, un maestro alabado primero y vapuleado después sin cuya capacidad de aventura el 27 no habría llegado a ciertos hallazgos», concluye Lucas. «Les debemos la apertura de la poesía hacia mil direcciones y hacia territorios sin explorar».

«Sin leer Lorca, a Cernuda y Alberti hoy no se puede ser poeta», dice Benjamín Prado. «No les superó ni el 36 ni el 50. Su poesía sigue siendo pura modernidad; parece escrita pasado mañana», reitera.

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