La genetista Cynthia Kenyon afirma que el objetivo es «vivir mejor y más sano»

D. R.

madrid. Los genes del envejecimiento son diferentes en cada animal, lo cual ofrece también diferentes esperanzas de vida. «Entonces, si se puede quitar un gen del envejecimiento en un experimento, tal vez se puede retrasar ese envejecimiento», explica la profesora de la Universidad de California, Cynthia Kenyon. En vez de buscar el gen en murciélagos, ratones o canarios, lo hizo en el gusano C. elegans, que no es más grande que una coma. En el laboratorio, tuvieron la fortuna de encontrar la mutación del gen daf-2 que afectaba a las señales de la insulina. Consiguieron duplicar la vida del gusano: de uno a dos meses.

Un hallazgo que estimuló a otros grupos internacionales para encontrar un camino viable y detener el envejecimiento. María Blasco y su equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) lograron en 2008 aumentar en un 40% la longevidad de ratones, actual récord en mamíferos. «Pero la inmortalidad no es posible», destacó la genetista en el CNIO-La Caixa Frontiers Meetings, un encuentro con los principales investigadores en envejecimiento. «El objetivo es vivir mejor y más sano», recalcó la investigadora y vicepresidenta de Calico, la empresa de Google destinada a la biotecnología.

Sin embargo, la investigadora indicó que la ciencia no avala dietas como la paleolítica o la vegana. «Cada persona debe mirar sus dietas», recalcó Kenyon, además de recordar que comer sano favorece estar más joven y que ingerir comida rápida es peligroso. Ella, por ejemplo, no toma azúcar. Además, tiene dudas de que el ejercicio alargue la vida.

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