Un gaitero de Calahorra en los sanfermines

Julio César Pellejero el día 6 en el chupinazo de San Fermín. :: l.r.
Julio César Pellejero el día 6 en el chupinazo de San Fermín. :: l.r.

Julio César Pellejero, miembro de Agayta, participa desde hace 17 años en el chupinazo de las fiestas pamplonicas

SANDA SAINZ CALAHORRA.

El gaitero calagurritano Julio César Pellejero, perteneciente a la Asociación Agayta, lleva 17 años consecutivos acudiendo el día 6 de julio a Pamplona para participar en uno de los actos más importantes de las fiestas de San Fermín, el chupinazo.

Los gaiteros de Pamplona invitan a los integrantes de las escuelas que tienen cerca y Pellejero va como miembro de la Escuela de Música de San Adrián.

Esa jornada se vive de forma especial, comenzando por la concentración de todos para compartir mesa en el tradicional almuerzo previo al lanzamiento del cohete. Algunos se ven de año en año y es un momento de encuentro y recuerdos.

En los dos últimos años necesitan una acreditación para poder entrar en el Ayuntamiento por motivo de seguridad. Durante el almuerzo reciben estos pases y los vales para la comida.

Tienen una hora determinada para acceder al Consistorio y allí permanecen hasta después del chupinazo. «Como estamos dentro, por ejemplo, el año que se retrasó por el despliegue de una Ikurriña, nosotros no nos enteramos hasta mucho tiempo después. Vimos que comenzaba tarde pero no sabíamos por qué», comenta el músico.

Una vez lanzado el cohete la banda La Pamplonesa toca la 'Biribilketa' dentro del Ayuntamiento. Es el primer tema que se interpreta. Luego salen los txistularis a la plaza, actúan y vuelven a entrar. Aproximadamente a las 12.20 comienzan su recorrido musical los gaiteros, sin parar, hasta más allá de la Plaza del Castillo.

En uno de los bares se hace una parada y les invitan a cava. A continuación prosiguen su marcha por el casco viejo de la ciudad hasta la sede de los gaiteros de Pamplona que organizan esta actividad clásica en el programa sanferminero.

Comen juntos y apenas sin descanso vuelven a recorrer las calles al ritmo de la gaita y el tambor dispersándose mientras tocan.

Pellejero explica que, según le comentaron una vez calculando las boinas que había en una fotografía, acuden más de trescientos gaiteros. Los hay de toda Navarra, del País Vasco, del sur de Francia, de La Rioja y Aragón.

Este calagurritano comenzó a estudiar música con el maestro Ángel Arroyo a los ocho años en Calahorra. Sus inicios fueron con la trompeta pero lo dejó cuando acudió a la universidad.

En el 2000 lo retomó con la gaita, instrumento que le apasiona y con el que desarrolla su faceta artística. Desde entonces se dedica a ello e incluso ha implicado a su hija Aroa que toca desde que tenía cinco años el tamboril.

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