«Fumar porros no es cannabis terapéutico»

El Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo advierte a los adolescentes de su peligro, sobre todo si se mezcla con tabacoLos expertos avisan de que las empresas cannábicas utilizan este gancho para animar al consumo

J. LUIS ALVAREZ MADRID.

El cannabis tiene propiedades medicinales. Eso está comprobado. Sin embargo, fumarlo mezclado con tabaco en un porro es la forma más nociva de consumirlo, según advierten los más de cien expertos que forman parte del Proyecto ÉVICT (evidencia cannabis-tabaco), una iniciativa impulsada desde el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) y financiada por el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD).

La mezcla de tabaco y cannabis está ya generalizada en España. Ana Esteban, psicóloga coordinadora del Proyecto ÉVICT, recuerda que la Encuesta Global de Drogas -Drugs Global Survey, en inglés- sitúa a España con más de un 80% de usuarios duales, a la cabeza del consumo mezclado de cannabis con tabaco. Los datos son aún más crudos entre los alumnos de secundaria, donde la encuesta 'Estudes' del Plan Nacional sobre Drogas, en su edición de 2014, sostiene que uno de cada cuatro jóvenes de entre 14 y 18 años ha fumado un porro en el último año.

Según explica la enfermera Adelaida Lozano, vicepresidenta del CNPT, es entre los adolescentes «donde hay que centrar el esfuerzo para acabar con los falsos mitos asociados al consumo dual de ambas sustancias».

Cuando se enciende un porro se desencadena una de las peores reacciones posibles del cannabis. La velocidad de absorción del tetrahidrocannabinol o THC -principal componente psicotrópico del cannabis por la vía fumada pulmonar-, la combustión, el vehículo del humo y el hecho de mezclarlo con tabaco industrial convierten al porro en la forma más habitual y más rápida, «pero también más dañina de acceso al cannabis».

Las consecuencias de fumar porros pueden ser demoledoras, tal como detalla la psiquiatra Cristina Pinet, del área clínica de ÉVICT. La experta destaca la relación entre consumo elevado de cannabis y un mayor riesgo de aparición de síntomas psicóticos y alteraciones cognitivas. A escala farmacológica, el consumo conjunto de cannabis y tabaco «aumenta la probabilidad de desarrollar adicción y dependencia y una menor probabilidad de abstinencia a largo plazo que el uso por separado. La adicción al tabaco es el efecto no deseado más frecuente que afecta a las personas consumidoras de cannabis», recalca Pinet.

«Tanto la nicotina como el THC producen multitud de interacciones farmacológicas sobre el sistema nervioso central, aparato cardiovascular, respiratorio, digestivo e incluso endocrino que estamos tratando de identificar», apunta por su parte Ana Esteban. El consumo de tabaco y cannabis fumados deriva también en una misma patología bronco pulmonar, incluida la bronquitis crónica y el cáncer de pulmón.

«Sin mechero»

Por este motivo, este panel de expertos asegura que transmitir a personas enfermas la idea de que los porros les van a curar, sería «un fraude sanitario y humano», puesto que «el cannabis, como cualquier droga, tiene su propia carga de enfermedad y de muerte que se dispara por el hecho de fumarla con tabaco».

«El eslogan de 'cannabis mortalidad cero' es repetido por una industria cannábica en expansión y sin regulación legal y esta falacia acaba calando en la sociedad», asegura el doctor experto en Salud Pública, Joseba Zabala, también integrante de este panel de expertos, que sugiere que una buena pauta para la reducción de riesgos entre los usuarios del cannabis consiste en «no mezclarlo con tabaco y no usar mechero».

Zabala insiste en que «hay que dejar claro a la sociedad, sobre todo a jóvenes y adolescentes, que el cannabis fumado no tiene nada que ver con el cannabis terapéutico, pues esta confusión es causa de la baja percepción de riesgo que tienen de los porros».

Según recoge el último informe del Observatorio de Proyecto Hombre, el cannabis es la tercera sustancia por adicciones en España. Por delante está el alcohol con cuatro de cada diez casos, ya sea como consumo básicamente exclusivo (25%) o con adicción añadida a otras sustancias (14%); seguida por la cocaína (tres de cada diez) y el cannabis (uno de cada diez). En última posición se sitúan la heroína y los opiaceos (4%).

Sin embargo, el cannabis no es en sí malo si se utiliza como medicina aplicada a terapias para enfermedades degenerativas, tal como destacan los expertos del Proyecto ÉVICT, que se remiten a los resultados puestos de relieve en distintos estudios científicos.

Por ello, apuestan por impulsar la investigación en cannabinoides no solo externos de la planta de cannabis (THC, CBD, CBN, principalmente), sino también profundizar en el conocimiento del propio sistema cannabinoide endógeno del ser humano y sus interacciones con otros sistemas de neurotransmisión.

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