Frío en la piel

Frío en la piel

Las bajas temperaturas, el frío, la humedad y la calefacción provocan deshidratación

MIGUEL AIZPÚNLogroño

Aunque se ha hecho de rogar, el frío ha llegado y hay que aplicar una estrategia de protección y cuidados de acuerdo con las características de cada piel, ante el brusco descenso de las temperaturas.

Mientras el sol ha sido divinizado por alguno de sus beneficiarios más entusiastas, el frío no suele tener buena prensa, especialmente en los países mediterráneos. La llegada triunfal del general invierno obtiene, no podía ser de otra manera, un recibimiento muy poco caluroso.

Si la hidratación siempre es importante, hay que vigilarla muy especialmente en esta época. Resulta necesario combatir la deshidratación causada por el frío, la humedad, el aire, el exceso de las calefacciones, etc. La hidratante de la cara deberá llevar siempre factor de protección. La hidratación del cuerpo, como siempre, es fundamental, intensificándola en las piernas y pies, y sin olvidar los talones, muy proclives a la sequedad.

En casa hay que evitar una temperatura por encima de los 23-24 grados y conviene utilizar humidificadores

Las manos y los labios son zonas especialmente sensibles al frío intenso, por ser las partes del cuerpo más expuestas a factores medioambientales. La sequedad provocada por el frío en las manos requiere ser combatida con una buena hidratación. En el lavado hay que evitar que el agua esté demasiado caliente y usar jabones suaves. Durante el descanso nocturno es muy recomendable la aplicación de una crema hidratante de manos.

Existe la creencia, tan errónea como extendida, de que humedecer los labios con la lengua reduce la sequedad provocada por el frío. En realidad, el efecto es justamente el contrario, ya que los labios producen su propia grasa de protección, que es eliminada con la saliva. Existen productos eficaces para combatir la sequedad y el agrietamiento de los labios suministrando la hidratación necesaria.

Antes de acostarse conviene hidratar las zonas del cuerpo donde haya una mayor sequedad

El momento de la ducha (más corta y templada en esta época, evitar el agua muy caliente) puede ser aprovechado para deshacerse cuidadosamente de las pieles muertas, que se desprenden menos traumáticamente con la humedad. En esta operación, un exfoliante suave puede ser de gran utilidad. No abusar del gel de baño.

Hay que tener en cuenta que la calefacción doméstica (que tan confortable hace el hogar) es un factor que contribuye a resecar el ambiente. Se debe evitar una temperatura por encima de los 23/24 grados y es muy recomendable el empleo de humidificadores. Antes de acostarse, conviene inspeccionar el estado de hidratación de nuestro cuerpo y compensar las zonas donde apreciemos una sequedad más acusada.

No olvide que las pieles normales y grasas soportan mejor el frío debido a una mayor producción de sebo que asegura una capa protectora más gruesa. Las pieles secas o sensibles en cambio necesitan una protección y unos cuidados particulares.

Si el frío es muy intenso, es evidente que la piel del rostro se protegerá tapándola al máximo y aislándola del medio externo mediante gorros, bufandas, gafas, etc.,...

El segundo elemento agresivo del invierno es el grado higrométrico del aire, es decir la cantidad de humedad contenida en el ambiente. Cuando el tiempo es muy seco, cosa que ocurre con frecuencia en invierno, la humedad del aire disminuye.

El agua contenida en la capa córnea se evapora más deprisa y de forma más importante cuando está en contacto con el aire seco que con el aire húmedo. La piel se deshidrata en superficie y provoca sensación de estiramiento, se cuartea, se fisura. Es imprescindible aplicar una crema hidratante potente.

El viento también es causa de una fuerte agresión a la piel puesto que refuerza el frío cutáneo. Por ejemplo, cuando el viento sopla a 30 Km/h con una temperatura exterior de -10º, la piel lo asimilará como una temperatura de -24º.

Sabemos que en invierno la piel sufre una importante deshidratación. Igual que una flor carece de agua pierde frescura y se marchita, una piel deshidratada envejece más rápidamente de lo normal. Esto se evidencia fácilmente al observar el estado de la epidermis.

No obstante, aunque no sea visible, la dermis es la parte de la piel que más sufre de las irregularidades producidas por la alternancia calor-frío, frío-calor que se produce en invierno al entrar y salir de los locales o casas.

Se produce una modificación de la estructura de la dermis y especialmente de dos de las proteínas que la componen:

El colágeno, que asegura su resistencia y solidez

La elastina que le confiere su elasticidad y tonicidad.

Algo muy común aún con el frío son los sabañones. Aparecen sobre todo en mujeres jóvenes, generalmente tras una exposición al frío. Producen un severo picor y sensación de quemadura, que se agravan con el calor. Afectan también a manos, caras y orejas. Son más frecuentes en las regiones frías y húmedas, y sobre todo en las personas que no tienen sus hogares acondicionados contra el frío.

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