De la fascinación atávica por la naturaleza a su defensa ecologista

J.S. LOGROÑO.

'La llamada del bosque. Árboles y madera en pintura y escultura de la Colección Würth' fue inaugurada anoche en un acto con doscientos invitados que contó con la presencia de Sylvia Weber, directora ejecutiva de arte y cultura en el Grupo Würth ; Ignacio Roger, director general de Würth España S.A.; Silvia Lindner, directora del Museo Würth La Rioja; Kosme de Barañano, asesor artístico de la Colección Würth; y Sonja Klee, coordinadora de exposiciones en las galerías asociadas del Grupo Würth.

Según Webber, la muestra explora la relación humana con el bosque y los árboles desde dos puntos de vista: «Por un lado como la llamada atávica del bosque, la fascinación por la naturaleza y la belleza de lo salvaje; y, por otro, como una llamada de auxilio desde la necesidad de racionalizar la explotación forestal y frenar la deforestación injustificada».

Las artes plásticas han representado el cambio de la significación del bosque a lo largo de la historia. Como cuenta la especialista, «el bosque como espacio emocional y de encuentro personal fue plasmado por los artistas del romanticismo en las primeras décadas del siglo XIX. Después la insalubridad de las ciudades y las lamentables condiciones de vida de los trabajadores durante la revolución industrial se contrarrestaron integrando 'bosques domesticados' de uso público en casi todas las ciudades occidentales; la luz y la vida de estos parques aparecen representadas en obras impresionistas y expresionistas».

«La naturaleza pasó a un segundo plano entre los intereses temáticos de los artistas de las vanguardias y la madera, que había sido uno de los materiales fundamentales de la escultura, cedió su protagonismo a materiales industriales más modernos y acordes con la voluntad de transgresión (hierro, hormigón...) durante la primera mitad del siglo XX, hasta que corrientes como el land art o la nueva escultura británica exploraron otros lenguajes en el uso de este material, dotándolo de una perspectiva ecológica ineludible en nuestros días».

«Desde entonces, el bosque ha recuperado su interés temático como espacio de libertad, como refugio y como actor fundamental de nuestra supervivencia; su interpretación como paisaje emocional está en el tratamiento que han hecho el neoexpresionismo, el hiperrealismo o el pop, que continuaron la tradición de representación del bosque a lo largo de la historia del arte».

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