Europa reforzará el control del tráfico ilegal de obras de arte y antigüedades

Soldados rusos patrullan las ruinas sirias de Palmira, que han quedado en la memoria como ejemplo de la destrucción del patrimonio. :: efe

La UE prepara un reglamento para evitar que la venta de patrimonio de Siria e Irak financie al Estado Islámico

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

Saquear, traficar, vender y matar. Un círculo vicioso y escalofriante con un nexo común: Europa. Patrimonio cultural, terrorismo, coleccionismo y Bruselas. Una realidad que hay que afrontar para combatir a un Estado Islámico empeñado en escribir la historia del Viejo Continente a base de sangrientas siglas: el 13-N parisino, el bruselense 22-M, el 22-M londinense... El yihadismo ha declarado la guerra a Occidente y la Comisión Europea ha decidido que, más allá de los ataques aéreos , hay otras vías igual de eficaces para estrechar su margen de actuación. ¿Cómo? Cortándole las vías de financiación. Y, aquí, la destreza de traficar con obras de arte es un elemento clave, vital.

«El dinero es oxígeno para los terroristas», advierte el vicepresidente primero de la Comisión, Frans Timmermans. Quienes siguen el rastro de estos delitos definen el tráfico de arte como «un arma perfecta». «No podemos aceptar que los terroristas roben antigüedades en Siria, Afganistán e Irak y las vendan ilegalmente en Europa, a coleccionistas, para financiar actos terroristas contra ciudadanos europeos», apostilla Pierre Moscovici. He aquí el círculo perverso descrito por el comisario de Asuntos Económicos, que ha instado a las 28 capitales europeas a que apoyen sin fisuras la enésima iniciativa de la Comisión Juncker para combatir el terrorismo. Esta última emana del reciente G-7 celebrado en Hamburgo, en el que las grandes potencias acordaron impulsar medidas relacionadas con la financiación.

El poderoso aparato de propaganda del EI no sólo se ha basado en atemorizar a Occidente a base de espeluznantes decapitaciones. También lo ha hecho destruyendo auténticos tesoros culturales como Palmira, en una Siria arrasada y cuyas ruinas apenas sugieren el porqué de su declaración como Patrimonio de la Humanidad. Pero la lista de víctimas del fanatismo es larga, como los budas de Bamiyan y las tumbas y mausoleos de la ciudad antigua de Tombuctú. «Europa tiene la responsabilidad de proteger el patrimonio artístico mundial», recalca Moscovici.

En Bruselas, lo tienen claro. «Tras esa imagen hay propaganda terrorista, pero también un modelo de negocio. Saben perfectamente lo que están robando y el valor que este tipo de objetos puede alcanzar en el mercado negro», apostilla el comisario francés, que como responsable de Aduanas pretende diseñar unas normas comunes que permitan paralizar este tipo de mercancías en las fronteras de los 28. El objetivo es que estas medidas puedan entrar en funcionamiento en 2019.

Tan lucrativo como la droga

Según las estimaciones del Ejecutivo comunitario, entre el 80% y 90% de las ventas de antigüedades son bienes de origen ilícito y generan entre 2.500 y 5.000 millones cada año. Los datos revelan que, aunque tienda a pasar más desapercibido, Interpol considera que el mercado negro de obras de arte llega a ser tan lucrativo como el tráfico de armas, drogas o el relativo a las falsificaciones.

Las famosas imágenes de la destrucción y saqueo de Palmira no son de ayer, ni anteayer, sino que llevan demasiados meses en la retina. De hecho, esta nueva iniciativa de la Comisión no es ni mucho menos la única que se ha adoptado en este sentido. En su día se reforzó el control aduanero de bienes procedentes de Siria e Irak, una decisión que parece haber dado sus frutos en las grandes capitales europeas. Sin embargo, lo que hacen las mafias es aprovecharse de países no tan potentes, con menor nivel de alerta, que en la práctica y sin pretenderlo hacen las veces de puerta de entrada a la UE.

Aquí es donde se enmarca el proyecto de reglamento, que busca aunar fuerzas estableciendo por primera vez una definición europea de lo que se entiende por «bien cultural» y que englobará hallazgos arqueológicos, pergaminos antiguos, restos de monumentos, piezas de arte, colecciones y antigüedades. Eso sí, la idea es que sólo se aplique a las antigüedades de más de 250 años, «ya que son las que consideran más amenazadas».

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