La ética, clave para el desarrollo e integración de la inteligencia artificial

El mercado de trabajo se transformará, como el de la salud, pero la sociedad no estará dominada por los robots

ARANTXA HERRANZ MADRID.

«No hay que temer a la inteligencia artificial, sino a la estupidez humana». Esta frase, tantas veces repetidas, fue uno de los argumentos que esgrime Elena González-Blanco, investigadora principal del proyecto PostData ERC H2020 y profesora de Filología de la UNED. Asegura que la ética será la clave para la integración y aceptación de la inteligencia artificial (IA) en una sociedad en la que bajo la etiqueta de IA se están englobando muchas tecnologías y paradigmas que, en muchos casos, poco tienen que ver entre sí. «Hay una IA para cada industria», afirma la profesora, que intervino en la conferencia 'Inteligencia artificial, impacto en el ser humano y la sociedad', organizada por la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad Comillas.

Uno de los debates que siempre gira en torno a la IA es la posibilidad de que estas máquinas acaben quitando trabajos. González-Blanco más bien piensa que la IA conllevará una transformación del mercado laboral, en el que «aparecerán nuevos modelos de negocio y surgirán nuevas industrias, además de transformar las actuales». Así, por ejemplo, se espera que sea el campo de la salud uno en los que más se notará el impacto de la IA, además de en el comercio y en el sector financiero o el marketing. Mientras, los deportes y la regulación jurídica son los que menos se han visto impactados, por ahora. «Pero eso quiere decir que hay mucho campo y que en diez años se producirá un cambio brutal» en estos ámbitos, augura la profesora.

Algunos de los cambios que está introduciendo la IA ya son visibles. Por ejemplo, en el campo de la salud, se están haciendo grandes avances en el reconocimiento de la imagen radiológica, de forma que gracias a diferentes técnicas y tecnologías para comparar imágenes médicas estas máquinas son capaces de detectar un tumor sin que el médico haya visto las pruebas. Otro de los beneficios es que se pueden comparar todos los historiales de los pacientes, no solo unos pocos, a la hora de hacer ensayos clínicos y establecer pautas.

En cuanto a la banca, la IA está permitiendo elaborar perfiles de riesgo o aplicar la analítica avanzada de documentos e informes, de manera que se puede automatizar la concesión de hipotecas. «También se están haciendo grandes avances en la detección del fraude o en la concesión de créditos en tiempo real», explica esta experta, quien cree que el sector de seguros será el siguiente en experimentar todo el amplio abanico de posibilidades que permite la IA.

No obstante, todavía sigue habiendo mucha controversia y debate en torno a la inteligencia artifical. «La sensación es que no podemos dejarlo pasar, pero tenemos cierto miedo porque es todo incierto», explica González-Blanco. Por eso, en su opinión una de las claves es hacer la IA más humana. «No es solo automatizar todas las tareas posibles (con las ventajas que ello conlleva), sino que el usuario esté en el centro de la experiencia. Que nuestro trabajo sea más agradable gracias a esa automatización. Que el cliente esté más satisfecho y que no se hastíe porque cada vez que llama a un 'call center' le atienda una máquina y lo sepa», argumenta. En esta humanización de la IA, entra en juego la ética. «Como hemos visto recientemente en el caso de los accidentes de los coches autónomos, ¿quién toma las decisiones? ¿la máquina o el informático que la ha programado?», se pregunta.

Evitar prejuicios

Su opinión es que en esta programación de los algoritmos hay que evitar los prejuicios. «Los modelos se entrenan con datos. ¿Tiene la IA prejuicios? No, somos los humanos quienes los tenemos. Por eso, y aunque parezca una broma, la tecnología de reconocimiento facial ha tardado más en reconocer a los orientales porque estaba programada por occidentales, a quienes nos parece que los chinos tienen los ojos más cerrados». Precisamente por esto, González Blanco considera que «siempre» se puede dotar de ética a los algoritmos. «Esas decisiones las toman los humanos y por eso hay que ser consciente de saber qué hacemos con la inteligencia artificial».

Esta tecnología se enfrenta a varios retos. Uno de ellos es el del talento. La demanda de perfiles tecnológicos es más alta que la que el mercado puede ofrecer. Y, precisamente por eso, la profesora de la UNED no cree que la IA vaya a quitar puestos de trabajo, «porque no hay perfiles para estos sectores». Esta experta señala, además, que no se trata de perfiles eminentemente técnicos. «No estamos hablando de un ingeniero que se ha pasado estudiando cinco años de carrera, pero sí de personas con un punto de vista diferente y apropiado. Con una forma diferente de enfocar las cosas». Algo que supone, en su opinión, un cambio en el mercado laboral y formativo.

Eso sí, esta experta sí augura que la IA y los robots van a transformar el mercado. «Nuestro trabajo debe cambiar para que tomemos las riendas de esta carrera imparable hacia la automatización», advierte. «¿Viviremos rodeados de robots? Sí y no. No dormiremos a su lado, pero hay que tener claro que quienes programan los robots somos los humanos, por lo que debemos controlarlos».

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