«Hay que estar abierto a todo y no creer en nada. Yo no busco creer, busco saber»

Javier Sierra. :: planeta
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El ganador del Planeta presenta en La Casa del Libro 'El fuego invisible', «una novela de búsqueda» Javier Sierra Escritor

J. SAINZ LOGROÑO.

El escritor Javier Sierra (Teruel, 1971), reciente ganador del Planeta, presenta hoy en Logroño 'El fuego invisible' (en La casa del libro a las 19 h.). La novela narra una moderna búsqueda del grial en iglesias del Pirineo, colecciones de arte en Barcelona, libros antiguos y extraños códigos; una intriga que explora el origen de las ideas y la inspiración creativa. Como explica este popular autor de bestsellers de misterio como 'La cena secreta' o 'La pirámide inmortal', la clave de su éxito radica en «investigar a fondo esos arcanos y aplicarles la dosis justa de sentido común, imaginación y visión trascendente». «Eso que nos convirtió en humanos en la noche de los tiempos y nos llevó a inventar el arte».

-Empecemos por la novela.

-'El fuego invisible' es un libro de búsqueda. El protagonista es un profesor con la vida resuelta que se ve envuelto en una aventura que va a cambiar sus parámetros vitales.

-Ese 'fuego invisible' hace referencia a la chispa de la inspiración. ¿Cuándo prende en su caso?

-Todas mis novelas parten de un enigma y esta lo hace de la cuestión filosófica sobre el origen de las ideas. Todos los creadores han experimentado esa llama cuando han rozado alguna de sus obras maestras; se han sentido 'quemados' por dentro, llevados por una fuerza que no es natural. Yo he tratado de explorar por qué se produce esa chispa que yo mismo he experimentado en otras novelas, pero que, curiosamente, en esta me ha costado mucho esfuerzo. He intentado capturarla y, quizás en ese esfuerzo racional por intentar entender lo irracional, la chispa ha tratado de evitarme. Ha sido una persecución.

-Uno de sus personajes dice: «Escribir es un oficio peligroso. Imaginar personajes te expone a mentes ajenas... Escribir es buscar...» ¿Qué busca Javier Sierra?

-Yo busco comprender de dónde vengo y a dónde voy. Cuando escribo me convierto en un filósofo desesperado, alguien que quiere alcanzar la sabiduría. Y empleo la única herramienta que se ha demostrado eficaz a lo largo de la historia para enfrentarse a las grandes preguntas, la literatura.

-¿Qué es más importante, el objeto de la búsqueda o la búsqueda en sí misma? ¿El misterio o la forma de contarlo?

-Yo creo que lo que transforma verdaderamente al lector es el proceso de lectura, no las últimas páginas ni el desenlace. Lo importante es lo que te transformas tú mismo durante la búsqueda.

-Su novela también busca el grial. No hay mitos como los antiguos.

-El grial es un invento medieval; forma parte de una enorme campaña de propaganda para alentar a los cruzados y a los habitantes de tierras de frontera como la península Ibérica. Vamos reinventando los mitos, pero el fondo de la cuestión es siempre el mismo: tratar de comprender lo incomprensible.

-¿No es paradójico que una sociedad aparentemente más descreída, desprendida de creencias religiosas e ideológicas, sea más crédula en cuestiones irracionales?

-Yo diría que vivimos en una sociedad anestesiada que ha decidido drogarse con la materia y que no se formula las preguntas existenciales. La gente simplemente vive, aprovecha su tiempo como puede y llega al momento de la muerte sin preparar. En cambio la muerte en el mundo antiguo estaba muy presente. Yo no hablaría de una sociedad crédula o incrédula, sino de una sociedad consciente o inconsciente. Y en este momento no queremos ni plantearnos que nuestra vida se acaba. Es tabú.

-'Lo oculto' está de moda. ¿No hay mucha charlatanería y engaño?

-Es un terreno muy delicado, claro. El exceso hace que aparezcan ideas y personajes patéticos. Cosas absurdas como que el hombre no llegó a la Luna. Hay que mantener un sabio equilibrio. Los temas a los que yo me enfrento son dignos de estudio, pero hay que mantener una actitud prudente. Mi lema personal para mantenerme en el fiel de la balanza es que hay que estar abierto a todo pero no creer en nada; no convertir nada en artículo de fe. Yo no busco creer, yo busco saber. Pero ser escéptico no es ser negacionista; yo no descarto nada. El universo es más fantástico de lo que jamás llegaremos a imaginar.

-'Otros mundos', precisamente, va a ser el título de su propio programa de televisión. ¿Cómo será?

-Es un intento por llevar esta inquietud por el misterio a toda la familia. De hecho tiene una parte en la que reconstruirá las inquietudes de un niño llamado Javier ante esos misterios.

-Es su propio hijo quien hace el papel de usted con diez años. Me pregunto qué lección vital le transmite a su hijo.

-Pues que hay que tener los ojos muy abiertos, que no hay que tener vergüenza por preguntar y no conformarse con respuestas simplonas.

-Usted, después de hacerse tantas preguntas, ¿ha encontrado algo en lo que poder creer?

-¿Me pide un asidero para la fe? [risas] Creer es una necesidad humana; lo sé. Sé que no le voy a convencer pero en lo que yo creo es que la vida no se acaba con la muerte ni empieza con la propia vida. Creo que hay vida antes y después. Pero eso no lo puedo demostrar, claro.

-Es el momento, doctor Jones -le dicen a Indiana en 'La última cruzada'-, de que se pregunte en qué cree usted. Le pregunto lo contrario: ¿En qué no cree Javier Sierra?

-Creo cada vez menos en quienes quieren obligarnos a creer, en los dogmas, en el pensamiento dogmático y radical que trata de impedir que tengas la mente abierta y que veas soluciones distintas a las que te imponen. El mayor cáncer de nuestra sociedad es el pensamiento dogmático. Contra eso sí que deberíamos emprender una cruzada.

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