La espontaneidad de Julita Salmerón ilumina una gala lenta y plana

R. G. MADRID.

Era casi la una de la madrugada cuando apareció ella. Julita Salmerón. 82 años. Madre del cineasta Gustavo Salmerón y protagonista de su último trabajo, la película documental 'Muchos hijos, un mono y un castillo', que se llevó el Goya en esa categoría. Después de casi tres horas de una gala lenta y plana, salpicada de chistes sin gracia ni recorrido, la llegada al escenario de Julita iluminó el ambiente y ayudó a levantar la recta final del evento.

Porque Julita es su madre, la mía y la de todos. Una mujer sonriente y espontánea que a cada frase consigue que uno se sienta como en casa. «Estoy tan feliz, casi como el día que me casé con mi maravilloso marido. Lo siento, Antonio, pero después de tí el más guapo es Javier Bardem», comenzó su discurso. Y la platea se levantó de sus asientos para esbozar la primera sonrisa sincera de la noche.

Julita dedicó el premio «a todas las madres y, por no menospreciar, a todas las mujeres, porque las que no lo son, algún día lo serán, y si no, pues estupendo igual», aseveró. Y acto seguido le pasó el premio a su hijo. «No puedo sujetar este monstruito, te lo regalo, que ya no me cabe en mi casa». Con el mismo desparpajo que su hijo registró durante años a través de su cámara y que ha comprimido en la película documental que ha sacado a la luz a este entrañable personaje. «Que me van a conocer en toda España, que no voy a poder ir a la compra con el carrito», bromeó.

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