CADA VEZ LO ENTIENDO MENOS

«Todos estos héroes tienen un denominador común, aunque su numerador sea tan distinto, y es lo que se llama fe en Dios, amor a la Iglesia y amor al prójimo por Dios»

IGLESIA

No sé si es por la edad, o por qué, el hecho cierto es que cada día que pasa me explico menos la inquina existente en algunos sectores sociales contra la Iglesia, así como el rechazo manifiesto a la fe en Dios que profesan las personas sencillas de nuestro pueblo.

La fe mueve montañas, ya lo saben. No las del Everest, los Alpes o nuestro más modesto San Lorenzo. Mueve las montañas de la voluntad de los hombres, que son más difíciles de mover. Y si no, pasen y vean.

El gran protagonista del último ¿? atentado terrorista de Londres, que se saldó con ocho muertos entre inocentes y asesinos, fue un muchacho español de nombre Ignacio Echeverría. Todo el mundo, desde la primera ministra británica May, hasta los medios de comunicación de todo pelaje y de todo el mundo, han reconocido su valor y su altruismo que le ha costado nada menos que la propia vida.

Hasta aquí se entiende, más o menos, todo. Lo que yo no entiendo, o para ser más exacto, lo que yo no acepto, es la perspectiva roma y chata que han usado muchos para analizar lo sucedido. Algunos medios muy influyentes en la opinión pública han destacado que nuestro Ignacio, en su gesto de sacrificar su vida por un semejante, no ha tenido más motivación que impedir el mal. Y eso no es exacto. Este chico ha tenido otras motivaciones -y muy poderosas- para actuar como actuó. Me he puesto en contacto con un cura que lo conocía bien y resulta que nuestro héroe era un católico totalmente convencido y practicante, con una religiosidad profunda y nada «beata». En concreto iba a misa todos los domingos sin faltar ninguno. Y más todavía, pertenecía a un grupo de jóvenes de Acción Católica con el que se reunía todas las semanas. Este mismo cura me dice que en el círculo más íntimo de sus amigos existía una convicción muy firme de que precisamente han sido esas convicciones religiosas tan asentadas las que le llevaron en más de una ocasión a defender a cualquiera que tuviera un mal encuentro. Dicho en plata, aquí no ha habido un altruismo neutro sin más, fruto de una bondad natural innata, como el que canta bien porque tiene buena voz o del que corre veloz porque tiene buenas piernas.

Dicho de otro modo, este chico no era bueno porque se lo pedía el cuerpo, sin más historias. Como le pasó a un tío abuelo suyo que marchó a misionar a la peor zona del Perú, y no porque se lo pidiera el cuerpo. Marchó misionero porque creía en Dios, amaba a Dios y, precisamente por ese amor efectivo a Dios, se sintió urgido a dejar su familia de aquí y sus comodidades de aquí, para ayudar a los más necesitados de allí.

Y abundando en lo mismo, a Ignacio Echeverría le sucedió lo que a nuestro riojano y escolapio, P. Alfaro, para el que yo pedí en este espacio la medalla de La Rioja, como «riojano del año». Él no marchó a Nepal -lo peorcito de la India- porque se lo pedía un altruismo neutro, amorfo, como al que le pide el cuerpo echarse la siesta. ¡No! Todos estos héroes tienen un denominador común, aunque su numerador sea tan distinto, y es lo que se llama fe en Dios, amor a la Iglesia y amor al prójimo por Dios. ¿Por qué se quiere ocultar todo esto? Hay quienes se empeñan en alentar una corriente anti-Iglesia, ocultando el hecho de que cada cristiano que reza, que pertenece a cualquier institución eclesial, es Iglesia. No se ha hecho más énfasis en la identidad cristiana de Ignacio deliberadamente, pero él era y es Iglesia. Como millones de hombres y mujeres que se dejan la vida literalmente ayudando a otros en ámbitos y momentos diferentes, como los dos casos que cito más arriba.

Si Ignacio Echeverría, en lugar de pertenecer a la Acción Católica y de volcarse en las cosas de la Iglesia, hubiese sido alguien con otras motivaciones vitales en su vida, ¿verdad que esas motivaciones hubiesen sido advertidas, exaltadas y bendecidas en todos los medios? ¿Por qué el hecho de ser Iglesia no tiene el mismo tratamiento?

Para terminar, quiero mencionar a la hermana de Ignacio que con tanto aplomo, con tanta serenidad y con tan buenos gestos ha dado la cara en los medios, sobre todo en la televisión. Y todo ello, como consecuencia de haber bebido en la misma fuente que su hermano: la fe en Dios y la fe en la Iglesia, y respetando a todo el mundo.

Con ese mismo respeto debido a todos, exijo que la fe en Dios y la pertenencia a la Iglesia sean un hecho perfectamente visibilizado, como dicen ahora. Visibilidad. Lo contrario es oscurantismo y dictadura. O iglesiofobia.

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