El diccionario más 'igualitario' e 'incorrecto' de la RAE

Posverdad, buenismo, postureo, aporofobia, clicar o acoso escolar se incluyen entre sus más de 3.300 nuevos vocablos y acepciones

MIGUEL LORENCI MADRID.

«El nota se bailó un porro. Fue una pasada. Aunque es un bocas, no hubo postureo. Estuvo mariposeando y chusmeó sobre sus vecinos hasta que cogió el ordenador. Empezó a clicar y encontró un montón de enlaces sobre la aporofobia, la posverdad, el buenismo y el acoso escolar». Si escribe o dice una frase como esta nada le podrán reprochar sus interlocutores. Ni los más celosos guardianes de nuestra lengua. Es castellano puro, según los doctos miembros de la Real Academia Española (RAE), que acaban de incluir en la última versión digital de su Diccionario de la Lengua Española (DLE) términos como postureo, posverdad, mariposear, aporofobia o buenismo.

Son 3.345 los nuevos vocablos y acepciones que incluye la versión digital, la 23.1 del DLE, que ya está en la red con esta batería de novedades. Es el más 'igualitario' en los tres siglos de historia de la RAE, pero seguirá siendo deliberadamente incorrecto, según admite el director de la institución, Darío Villanueva. Y es que ni la RAE ni el DLE se plegarán a la corrección política. «Aplicarla destruiría el diccionario», sostuvo Villanueva al presentar las nuevas voces y acepciones junto a su colega Paz Battaner, coordinadora y directora del diccionario, que suma más de 111.000 etimologías y solo una veintena de supresiones.

«Sin caer en frivolidades», el diccionario «debe tener en cuenta el respeto al pasado y no caer en las cadenas de la corrección», apuntaron los académicos. «Nunca se elaborará con criterios de corrección política y la razón es simple: se destruiría», reiteró tajante Villanueva. «La Academia no hace sólo una foto de la lengua de hoy, incluye lo que hemos heredado», le respaldó Battaner. Dejaron claro ambos que el DLE «no crea ni promociona ni obliga al uso de palabras o expresiones». «Solo las recoge, tanto las educadas y las correctas como las canallas», dijeron.

Los académicos han trabajado con denuedo para lograr la edición «mas igualitaria» que libere de clichés sexistas a un libro fundamental, con más de 93.000 lemas y 200.000 acepciones. Pulen así las más sensibles. Donde para definir un oficio se decía «es el que ejerce un hombre que...», ahora dice «una persona que...».

Advierte en la voz sexo que la expresión sexo débil es «despectiva». pero no la elimina ni la eliminará. «Hasta hace poco se consideraba una expresión positiva. Ahora, la Academia la marca como peyorativa», destacó Battaner. En el mismo ámbito se corrige la voz machismo con una nueva acepción: «forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón». Cambian las acepciones de jueza o diplomática, «que estaban incluidas en el Diccionario incluso en las épocas en que las mujeres no ejercían esos cambios, pero refiriéndose a ellas como las esposas del juez o el embajador», comentó Villanueva. Se queda fuera, de momento, la expresión 'heteropatriarcado', ya que «la documentación actual sobre la palabra aconseja esperar». El mismo caso que 'animalismo', aunque admite especismo para definir «la discriminación de animales por considerarlos seres inferiores».

Para esta edición 23.1 los cambios se han agrupado en nuevas palabras -las adiciones de artículos-, definiciones -adiciones de acepción- y matizaciones -enmiendas de acepción y formas complejas-, además de añadir significados que ayudan a comprender las palabras en su pleno significado en todos el ámbito hispano, incorporando términos de uso reciente y amplia aceptación como buenismo, postureo, acoso escolar o mariposear, junto a algunos usuales en América como chicano o comadrear.

Hay palabras que llaman la atención por ser muy comunes y no tener sitio hasta ahora en el DLE, como compostar, diagramador, táper, saga, un montón, una pasada o vallenato. Del ámbito gastronómico tampoco estaban hasta ahora hummus, kosher o halal. Ni pinchar, o clicar -preferida a cliquear-, términos relacionados con internet. También son novedad, por más que nos sean familiares, contraincendios, container, audiolibro, bioenergía, cubicaje, pinqui o aerogenerador y eólico, incluidas en una nueva acepción de molino.

No hubo excesivo debate en el pleno académico para aceptar posverdad, «pero sí para dar con la definición que incluimos», reconoce Villanueva sobre «la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales». «Hay mucha diferencia de la definición de partida a la final. Hubo mucho debate y se buscó el consenso con todas las academias», explicó Villanueva.

«Hoy (por ayer) inauguramos lo que será una tradición, ya que cada mes de diciembre presentaremos las novedades y haremos balance», afirmó Villanueva. Se levantará así acta de situación de un diccionario «que ejerce hoy una influencia que nunca antes tuvo», según Villanueva. Y todo debido a su formato digital, que en 2016 sumó 600 millones de consultas en la red y que en 2017 va camino de los 1.000 millones.

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