QUÉ ES DIBUJAR

CRÍTICA DE ARTE - ALBERTO PIZARRO

Aunque los años le van apaciguando, a Luis Xubero todavía le gusta marcar territorio de manera rotunda, agresiva casi. El tener talento (no confundir con genialidad), ser incapaz de dar incienso a nadie y mostrase lenguaraz le ha reportado fama de provocador, algo que acepta galanamente. Aunque en La Rioja se lleva lo de los clanes (la unión hace la fuerza y las subvenciones oficiales la refuerzan), él sigue solo, sin cuadrilleros ni ayudas. Es un Nietzsche a la riojana que practica varias disciplinas plásticas de manera espartana, en un luminoso y ordenado estudio situado a una distancia del Ebro equivalente a la que en el campo abate el ciervo y se le escapa la perdiz.

Si como sostenía el bastardo del notario Da Vinci y una campesina «el dibujo es la honradez de la pintura», y ésta no se enseña a quien no ha recibido la concesión de la naturaleza (o sea, que el artista no se hace sino que nace), quizá nos expliquemos por qué los más enconados detractores de Xubero son algunos licenciados en Bellas Artes.

En el 2014, en la Sala Amós Salvador, Xubero pretendió demostrar que La Rioja es el último paraíso. Yo no lo veo así. El último paraíso es esa mujer siempre codiciada y nunca conseguida; ésa a la que dimos categoría de musa al no poder hacerlo de amante. Y el Carnaval, con la relajación de costumbres a que invita, que convierte en fugaz paraíso a la ciudad que sabe celebrarlo, puede obrar prodigios en cuanto a esas 'consecuciones'.

Quince dibujos, donde representa lo esotérico y casi infrahumano del Carnaval, y diez óleos, donde muestra lo más colorista pero no menos espeluznante del mismo, es lo que ha colgado en CajaRioja-Bankia de Gran Vía. Personajes de pesadilla y escandalera por fuera, de lubricidad y heterodoxia por dentro. Si a mí verlos me ha servido para afianzar la admiración que sentía por su obra; a los dubitativos les habrá valido para cerciorarse de que es un realista excepcional; y a los correveidiles para ir largando dolorosamente que su obra, siendo la de más alta cotización entre la de los artistas riojanos, se vende magníficamente. ¿O se podía esperar otro resultado cuando Xubero tiene «una muñeca prodigiosa», en opinión de Antonio López, y maneja «una paleta riquísima», según apreciación de Pedro Torres?

No sé si Xubero pinta como Dios, que dijo Labandíbar; o puede hacerlo como Antonio López, aunque sea más temperamental, que dijo él mismo. Sí sé que, en cuanto dibuja primorosamente, su pintura no puede ser sino honrada, a más de deleitosa y exenta de pijoterías filosóficas. Lástima que los que se la tienen jurada vayan a entregarse a criticar la exposición de oídas, pudiendo disfrutar in situ las inquietantes evocaciones de quienes celebran a Don Carnal. Se perderán puras virguerías; algo pasmoso. Pero allá cada cual.

A mí me toca concluir que dibujar es lo que hace Xubero; y por extensión pintar (admirablemente por cierto), pese a las limitaciones que impone el formato en que lo ha hecho ahora. Y a él, como siempre, esperar que escampe; mientras quizá se diga cínicamente: «Ladran, luego cabalgamos».

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