DIÁLOGO DE LOS CARLOS

Inauguración de la exposición. :: i. álvarez/
Inauguración de la exposición. :: i. álvarez

ALBERTO PIZARRO CRÍTICA DE ARTE

Diálogo de la pintura' es la primera exposición de otros artistas que F. Javier Garrido Romanos ofrece en su estudio-galería de Calahorra.

Fue inaugurada a la antigua usanza -con palabras introductorias del galerista y de López Garrido, ante una concurrencia de más de cien personas-, con obras de Carlos Corres y Carlos López Garrido, artistas de muy cumplida formación, que despuntaron tempranamente y que están en posesión, una por barba, de la Medalla de Honor del Premio BMW.

Pertenecen a generaciones posteriores a las de aquellas que monsieur Berruet, creyéndose el judío Kahnweiler, se dedicada a descubrir, como si Logroño fuese el Bateau-Lavoir. Ambos reafirman la profesión del artista que todavía pinta -a pesar de las tentaciones del vídeo, la infografía, el láser, etc.- porque les mola el esfuerzo intelectual de la creación y no se les caen los anillos por enfundarse en un mono y ciscarse. A ellos los pigmentos les son tan propios como a los cirujanos la sangre.

Muestran piezas realizadas con diversas técnicas, en pequeño formato, con las que, a decir de F. Javier Garrido, dialogan acerca de la determinación del dibujo en la plasmación de ideas y su influencia en el proceso creativo, así como los constantes hallazgos que genera la expresión plástica en la creación de imágenes.

López se ha decantado por el entorno paisajístico del Valle del Cidacos; mientras que Corres ha plasmado lo que le producen el abismarse, las iluminaciones súbitas, el estar dispuesto a dejarse penetrar por la Musa. López sería la imaginación; Corres, la fantasía.

Como acertadamente ha observado el galerista, López, que construye sus imágenes a través de la materia, es un alquimista de la pintura; mientras que Corres, que configura las propias mediante la forma, es un infatigable constructor de imágenes; que en esta ocasión ha dispuesto como un mural. Labores estéticamente muy atrayentes, que revelan el intento cotidiano de pisar terreno virgen.

Ambos han expuesto en varios países de Europa, América y Asia.

Ahora le toca a la antigua Calagurris, ciudad donde tuvo lugar la milagrosa salvación de un individuo tras una cornada mortal, reflejada en su catedral por el pintor barroco José Bejes. No se me ocurre mejor argumento para ligar a Corres y a López - tanto monta, monta tanto- que compararlos con Aparicio y Litri, aquellos afamados novilleros que sorprendieron por su madurez, complementariedad y desparpajo, llegando a contabilizar mayor número de actuaciones que los matadores de toros consagrados.

Como en lo tocante a dineros la pintura no funciona hoy como la tauromaquia antaño, nuestros dos pintores 'torean' a precios asequibles.

El lector aficionado a los toros ya habrá captado la comparanza. López sería el equivalente a Aparicio, el clásico. Y Corres, el de Litri, el tremendista.

Aunque ninguno se ha ocupado plásticamente de la tauromaquia, hoy son artistas cuajados, de lo más granado que hay por estos pagos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos