DESTELLOS DE POLIFONÍA RENACENTISTA

EDUARDO AISA

Un espléndido concierto a capella, vivo y contagioso, nos ofreció el sexteto vocal noruego Nordic Voices el martes, en el marco de la 19 Semana de Música Antigua de Logroño. Un grupo simpático y comunicativo que se ha hecho un sitio en el mundo de la polifonía renacentista europea con un estilo propio, algo heterodoxo, que no compite con los consagrados consorts ingleses, ensembles, collegiums vocales y otros refinados grupos mediterráneos, centroeuropeos y nórdicos. Ya sólo con ver cómo etiquetan las voces de sus integrantes se puede ver su poca tendencia purista: en el renacimiento -y también en todo el largo periodo barroco- sólo se consideraban cuatro clases de voces, soprano, alto (o contralto), tenor y bajo, y por tanto no existían las mezzosopranos ni los barítonos, que son especializaciones vocales posteriores. Por no hablar de su 'torpe aliño indumentario' o de que nos ofrezcan 'música de la época de Carlos V' cuando la mayor parte de las obras interpretadas eran de la época de Felipe II. Tampoco las dinámicas empleadas eran muy ortodoxas en polifonía renacentista, donde se supone que no había esos contrastes marcados de forte y piano.

Pero todo se les perdona cuando abren la boca y muestran un trabajo polifónico concienzudo e inteligente. Hay una inmensa labor realizada para ofrecer semejante empaste y compenetración con ataques preciosos y precisos. No todas las voces son del mismo nivel y a veces se nota: junto a dos maravillosas sopranos y un bajo de voz portentosa navegaban otras tres voces menos sedosas y cristalinas, pero, eso sí, manejadas por cantantes de mucho talento e inteligencia musical.

Fue espectacular el comienzo medieval noruego con su impresionante Amen, espléndidas las obras de Manchicourt y Clemens Non Papa, imponente el 'Hei, Mihi Domine' de Francisco Guerrero y redondas las obras de Tomás Luis de Victoria con ese celestial Aleluya que cerraba la primera parte. Todavía más intensa fue la segunda parte con un contundente 'Exaltata est' de Cristóbal de Morales y otras tres excepcionales obras de Victoria (para muchos expertos el mayor polifonista de la historia, por encima de Palestrina). Así pues todo un homenaje a la música española del XVI.

Por si fuera poco, nos ofrecieron una fantástica propina sobre una nana tradicional noruega con una introducción de sonoridades portentosas producidas vocalmente por los seis intérpretes repartidos por toda la sala alrededor del asombrado público. Como se suele decir: ¡un puntazo!

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