«Me despidieron por el acoso de mi novio»

Jessica, la víctima del testimonio principal, en el extremo derecho, con Marina Marroquí y Marian Mur, segunda y tercera por la izquierda. /  R.C.
Jessica, la víctima del testimonio principal, en el extremo derecho, con Marina Marroquí y Marian Mur, segunda y tercera por la izquierda. / R.C.

Todos los días al menos una mujer se ve obligada a dejar el trabajo a causa de la violencia machistaLos delegados sindicales de CSIF ponen en marcha una red de detección precoz de víctimas de esta lacra para ayudarlas a mantener el empleo

ALFONSO TORICES

madrid. «Empecé a trabajar. Mi novio me vigilaba, me esperaba a la salida. Me puso un localizador GPS en el móvil. Se lo tuve que contar a mi jefa, porque llegaba con marcas y sufría mucho estrés... y en un mes tenía una carta de despido. Me despidieron por el acoso de mi novio», explicó ayer Jessica, una alicantina de 24 años a la que el maltrato reiterado del hombre con el que convivía la dejó hace dos años sin su empleo de camarera. Se quedó sin nada. «Sobreviví gracias a la ayuda de mis padres», recuerda.

No se sabe cuántas españolas sufren a diario el drama de Jessica, cuántas aumentan su padecimiento porque son despedidas o abandonan su trabajo por culpa de sus maltratadores. El único dato seguro lo aportó ayer el sindicato CSIF. Al menos un mujer se ve obligada a dejar su trabajo en España todos los días como consecuencia de esta lacra. Son las españolas que se acogieron a la posibilidad de excedencias indefinidas o reducciones de jornadas que otorga la ley a las maltratadas.

Teléfono de atención a víctimas de la violencia de género

Pero ese dato solo es la punta del iceberg. No tiene en cuenta la economía sumergida, los despidos camuflados y, lo más importante, a las maltratadas que no denuncian y tienen muy difícil acogerse a esas medidas. Como recordó Marian Mur, secretaria de Igualdad de CSIF, solo tres de cada diez víctimas denuncian, por lo que las maltratadas cada año rondan el medio millón.

Con el lema 'Nos preocupa tu vida', CSIF convertirá su red de delegados sindicales en un instrumento contra la violencia machista. Con la ayuda de la Asociación Ilicitana contra la Violencia de Género (AIVIG) y de la Confederación Española de Policía (CEP), los ha formado para detectar las primeras señales de maltrato en las víctimas, con el doble objetivo de asesorarlas y ayudarlas a salir de su situación e intentar que la crisis personal no les cueste el puesto de trabajo, que, como comentó Marina Marroquí, víctima y presidenta de AIVIG, es su «tabla de salvación» y puede ser la «puerta de salida» de este infierno. Harán de intermediarios con la Administración y las empresas para que, exista o no denuncia, las víctimas puedan tener derecho a ausencias, reducciones de jornada, excedencias, traslados u otras medidas obligadas por su situación y las dirigirán hacia las asociaciones y profesionales que puedan ayudarlas.

Salir «es posible»

La campaña se complementa con otra iniciativa de AIVIG. 'Voces para la superación' es un vídeo de cuatro minutos -que ya está en Youtube- en el que Jessica y otras seis víctimas, a cara descubierta, ofrecen su testimonio y animan a las maltratadas a buscar ayuda para denunciar a sus agresores, salir del «terror» y comenzar una nueva vida feliz, que, como aseguran con una sonrisa: «Es posible». «Las cicatrices en el alma quedan, pero de ahí coges fuerza para resurgir como el ave fenix. Ese es el camino, el camino de la felicidad, ¡ánimo!», espolea Nieves, un ama de casa. «Tú eres tu propio salvavidas aunque no lo creas», anima Miriam, una profesora. «No puedes resignarte a vivir con miedo», resume la propia Marina Marroquí.

No obstante, la presidenta de AIVIG denunció que en España aún no existen los medios suficientes para atender a las maltratadas en su recuperación, un proceso que dijo exige al menos un año y medio de trabajo y que puede ser incluso más duro que las propias vejaciones. Remarcó que llegar a la denuncia es muy difícil y que los poderes públicos tienen que garantizar la ayuda indispensable y previa que precisa la víctima para decidirse a dar este paso, además de protegerla y acompañarla después. «El mensaje denuncia, denuncia, denuncia, si no hay una infraestructura suficiente detrás, cuando la denuncia suele desatar un ataque de cólera en el agresor, está poniendo a la víctima en la diana», avisó. «La denuncia se pone para salir viva. Todo tiene que estar preparado para la respuesta», reclamó.

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