En defensa de la Constitución de 1812

Logroño. Grabado de la ciudad en la primera mitad del siglo XIX./colección particular
Logroño. Grabado de la ciudad en la primera mitad del siglo XIX. / colección particular

La Sociedad Patriótica de Logroño, que nació el 12 de abril de 1820, marcó los inicios del liberalismo en la región | El investigador Javier Díez Morrás relata las inquietudes políticas de la región en el Trienio Liberal

Marcelino Izquierdo
MARCELINO IZQUIERDOLogroño

El 12 de abril de 1820, a las siete de la tarde, ochenta liberales fundaron la Sociedad Patriótica de Logroño en el Café Nacional -situado posiblemente en la plaza del Mercado o en la calle Herventia, actual Portales-. Su nacimiento supuso un hito fundamental de la historia del liberalismo y el constitucionalismo en La Rioja por ser la primera agrupación pública de liberales y muestra del temprano arraigo del liberalismo en la ciudad.

El investigador, abogado y escritor calceatense Francisco Javier Díez Morrás relata en su libro 'La antorcha de la libertad resplandece' (IER y Ayuntamiento de Logroño) tanto la génesis de La Sociedad Patriótica de Logroño como los inicios del liberalismo en la región durante llamado el Trienio Liberal (1820-23).

Pese a que tras la Guerra de la Independencia, Fernando VII había derogado la Constitución de 1812 y reinstaurado el absolutismo, el liberalismo fue penetrando paulatinamente en las elites de la región, especialmente en Logroño.

«Comerciantes, industriales y profesionales riojanos, que conformaban ya una incipiente burguesía, unidos a empleados públicos, militares y algunos eclesiásticos, comenzaron a reunirse clandestinamente para preparar el retorno al constitucionalismo. Tras la sublevación de Rafael del Riego, a principios de 1820, dieron un paso al frente lucharon por acelerar la elección de un nuevo ayuntamiento constitucional y fundar una sociedad patriótica que velase por el nuevo sistema político», explica Díez Morrás.

Denuncia y enseñanza

La finalidad de la Sociedad Patriótica de Logroño, como señalan sus estatutos, era la de «aplicar una vigilancia continua sobre que la Constitución y todas sus emanaciones se guarden y cumplan todas sus partes». Para ello sus miembros se comprometían a denunciar ante la autoridad las infracciones en contra de la Carta Magna y a enseñar al pueblo las ventajas de sus preceptos.

En sus apenas nueve meses de existencia, la Sociedad Patriótica tuvo una actividad intensa. Así, denunció a aquellos que, como el juez Luis de Lemos y varios frailes de los conventos logroñeses, entorpecieron el establecimiento de las nuevas instituciones constitucionales y predicaron en su contra. También persiguió a los que atentaron contra las placas colocadas en la plaza del Mercado al ser renombrada como plaza de la Constitución, o contra partidas de absolutistas que pululaban por Cameros.

«La actuación más importante de la Sociedad Patriótica -explica el autor- fue su impulso para crear la provincia riojana. Así, promovió una junta de pueblos que nombró a los representantes riojanos en Madrid. Estos, personajes muy relevantes en la Corte como el ministro Mateo Valdemoros, el magistrado del Tribunal Supremo Manuel de Arbizu o el académico, eclesiástico y jurista Francisco de Paula de Andrés, diligenciaron la reivindicación riojana. Para ello se unieron con la veterana Sociedad Económica de Amigos del País de la Rioja Castellana, refundada con el nombre de Sociedad Riojana».

La Rioja, foco liberal

La Sociedad Patriótica de Logroño quedó extinguida tras un decreto de octubre de 1820, impulsado por los liberales más moderados, que veían estas entidades como focos de exaltación y, paradójicamente, un peligro para el sistema constitucional.

«Pero la huella de la Sociedad Patriótica perduró al convertirse en uno de los gérmenes del liberalismo decimonónico riojano. Algunos de sus miembros pasaron a formar parte de las incipientes sociedades secretas, como la masonería y la comunería, y otros abrieron el camino a sus descendientes más ilustres», añade.

Entre ellos aparecen apellidos que liderarán la política local, regional y hasta nacional. Donato Adana, que en 1820 era un rico hacendado, sería alcalde de Logroño en 1846 y 1861 y primo del diputado Cenón Adana; el médico Alejandro de Olózaga era tío de quien sería décadas después uno de los políticos liberales más relevantes del país, Salustiano de Olózaga; e Ildefonso Salvador era el padre de Tadeo Salvador, que llegaría a ser alcalde progresista de Logroño en varias ocasiones, además de primo político de Sagasta, amigo de Olózaga y Espartero, y abuelo de Amós Salvador. También están en la lista de aquellos fundadores el comerciante y hacendado Domingo Santa Cruz, abuelo materno de la esposa de Espartero, y sus hijos Francisco Javier y José.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos