DECIR ESPAÑA

CARLOS SANTAMARÍA - ANECDOTARIO

Se van a cumplir dos años de los atentados que dejaron más de 130 muertos en las calles de París. De aquella demencia yihadista recuerdo el desalojo de los aficionados que asistían al partido entre Francia y Alemania; salían del Stade de France envueltos en ese silencio viscoso que lo invade todo cuando se sospecha que ha ocurrido algo terrible y de repente empezaron a entonar La Marsellesa. Fue un gesto de unos segundos pero enormemente emocionante, un pueblo que, enfrentado a la tragedia, se puso a cantar de forma espontánea el himno de su país.

Esto es impensable al sur de los Pirineos, donde mostrar un mínimo respeto ante nuestros emblemas nacionales se observa con la ceja alzada y mirada acusadora: «Ese es un facha». Ahora que ondea alguna bandera de España sin necesidad de coartadas deportivas vuelve a supurar este viejo quiste nuestro: la legión de acomplejados de siempre, esa tropa que te acusa de fascista a la menor ocasión porque sigue con los pies anclados en el barro seco de la dictadura de Franco, quien explotó hasta el agotamiento todos los símbolos que pudo como estandartes de su régimen sanguinario. Cuarenta años después esta gente no quiere comprender que se puede ser comunista y del Madrid, que un obrero de UGT puede llevar en su muñeca una pulsera roja y amarilla o que hay aficionados taurinos abiertamente de izquierdas. Explicarles que colgar la bandera española en el balcón no es hacer apología del franquismo es una pérdida de tiempo, prefieren vivir en el blando territorio de sus obsesiones porque es el sitio donde están cómodos; ahí no hace falta pensar.

Decir simplemente 'España' es motivo de sospecha. Y España, con sus múltiples imperfecciones, es un país envidiable, desarrollado y democrático, lleno de gente trabajadora y solidaria. Estamos en un momento perfecto para releer 'Homenaje a Cataluña': «Los españoles -escribe Orwell- poseen una generosidad, una especie de nobleza que no pertenece realmente al siglo XX (...) Prefiero ser extranjero en España que en cualquier otro país». Nos aman los de fuera y nos odiamos los de dentro. Tenía razón Fraga en que España es diferente, no hay otro país del mundo como el nuestro; aquí los mayores enemigos los tenemos siempre en casa.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos