«Todos debemos participar en el destino del mundo que compartimos»

Ai Weiwei ayer
en Valladolid,
donde se vio su
estremecedor
documental.
:: Gustavo Villamil
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Ai Weiwei ayer en Valladolid, donde se vio su estremecedor documental. :: Gustavo Villamil

El creador chino denuncia el drama de los refugiados en 'Marea humana', el documental que ayer presentó en la Seminci Ai Weiwei Artista y activista

OSKAR BELATEGUI VALLADOLID.

Ai Weiwei (Pekín, 1957) recorrió en un año 400 campamentos de refugiados en 23 países y entrevistó a más de 600 personas. Empezó grabando con su iPhone y reclutó luego un equipo que ha viajado del Kurdistán iraquí a la frontera entre México y Estados Unidos, de Lesbos a Calais, del Líbano a Birmania, de Afganistán a los hangares-dormitorio del aeropuerto de Tempeholf, en Berlín, ciudad donde el influyente artista chino vive desde hace dos años. El resultado es 'Marea humana' una experiencia sensorial más que un documental que pone rostro a una catástrofe humanitaria. Llega a las salas en abril y posee imágenes arrebatadoras que demuestran el ojo artístico detrás de la cámara.

-¿Se siente un refugiado?

-Nací en 1957. Ese año mi padre fue enviado a la China rural para trabajar limpiando lavabos, en terribles condiciones. Estuvimos así cinco años, ignorados por el sistema por tener otras opiniones políticas y culturales. Mi madre enfermó y perdió un ojo. Así que yo me veo en los refugiados, sobre todo en los niños y en algo que une a todos: el deseo de vivir, la esperanza de encontrar un trabajo, de dar una educación a sus hijos, la valentía para aguantar el día a día.

-Hay quien ve narcisismo en su presencia en el documental.

-Es una interpretación equivocada. ¿Conoce los tebeos de Tintín? Me gustaría ser como él y recorrer el mundo. Mi presencia obedece a la voluntad de dar un toque realista. No es una película de humor negro ni una crónica histórica. Salgo para diferenciarme de la prensa de EE UU, que habla de los refugiados como si ellos fueran los dueños del mundo. Cada uno de nosotros debe participar en el destino del mundo que compartimos. Con mi presencia planteo una postura, una actitud. Me siento uno de ellos, no superior a ellos.

-¿El drama de los refugiados es consecuencia de la crisis del capitalismo?

-Me remitiría a 'Todos los hombres del presidente', la película sobre la investigación del 'Washington Post' del Watergate. Se me quedó grabada la frase de un personaje: si quieres averiguar la razón de algo, sigue el dinero ('follow the money'). En la crisis de los refugiados los factores políticos son importantes, pero es imposible que las guerras regionales causen más de 60 millones de desplazados. Ahí entran los intereses económicos de cada país. África fue saqueada por Europa y Estados Unidos, y ahora tiene muchos problemas de refugiados. La geopolítica y la lucha de economías en todo el mundo, la forma en la que está repartida la riqueza, son factores esenciales. ¿Quiénes venden las armas a los países en guerra? 'Follow the money'.

-Cayó el muro de Berlín y se multiplicaron las fronteras. ¿Generan más refugiados?

-Es irónico. Cayó el muro de Berlín y entramos en un mundo globalizado, pero cada vez hay más fronteras. Tiene que ver con el reparto de los beneficios en las diferentes economías del mundo. Los de abajo de la pirámide son los que sufren. Siempre ha sido así. Todas las guerras y agitaciones sociales hacen que nuestra sociedad sea cada vez más desequilibrada. La contaminación y el cambio climático, los problemas del medio ambiente, reforzarán esta desigualdad. Será un factor determinante porque aquí no participa ningún país, todos vivimos en la misma Tierra.

-Cataluña quiere constituirse en estado soberano y tener sus propias fronteras. ¿Qué piensa?

-Puede que sea un problema histórico que ha vuelto a aparecer. Sea cual sea el motivo, Europa debe tener en cuenta que en los países democráticos tiene que haber libertad de expresión y se deben proteger los derechos humanos. Tiene que pensar cómo proteger las identidades culturales, lingüísticas y religiosas. Y todos estos conflictos sociales deben solucionarse de forma pacífica, a través del diálogo, no de la represión. Cualquier forma de violencia solo hace que el problema sea cada vez más grave. De momento es posible que el problema se calme, pero a largo plazo volverá con más fuerza.

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