Custo antepone Madrid a Nueva York por primera vez

Un momento del desfile de Teresa Helbig. :: EFE/
Un momento del desfile de Teresa Helbig. :: EFE

Teresa Helbig vuelve a embelesar con piezas-joya cuajadas de detalles inspirados en la naturaleza y bordados con suma delicadeza

GLORIA SALGADO MADRID.

El pintor Mariano Fortuny era una suerte de espinita que tenían clavada desde que visitasen hace ya algunos años su palacio en Venecia. Ayer se la sacaron por todo lo alto. Ailanto abrió la tercera jornada de la Mercedes Benz Fashion Week Madrid con un homenaje al genial pintor español, utilizando su depurada técnica pictórica para crear estampados con un seductor efecto tridimensional. Los hermanos vascos trabajan por primera vez con el terciopelo en una colección melancólica, bañada en colores terciarios muy matizados, para crear una paleta armónica.

Romanticismo y sobriedad que cedieron paso a otro pintor, Mark Rothko, un maestro de expresionismo abstracto que es la inspiración de Ángel Schlesser. La directora creativa de la firma, Carolina Menéndez, logró sacar un poco los pies del tiesto empresarial y hacer algunas piezas que no recordaban a los patrones de Schlesser en superposiciones de lana, seda y detalles de lentejuelas para prendas urbanas con pinceladas de plumas.

Por fin una figura de la talla de Albert Rivera decidió acudir a un desfile para apoyar la moda española. El presidente de Ciudadanos se sentó en la primera fila del desfile de un osado Ulises Mérida, que se atreve con los acolchados y reinventa la clásica capa española -entre ellas una de la legendaria firma Capas Seseña- para que sea más femenina. También deja de lado los colores saturados para transitar por el deslavazado beige que se superpone con rosa palo, grises nacarados y verdes en punto artesano con lana de ovejas merinas trashumantes con denominación de origen. Rivera cedió el protagonismo a Brisa Fenoy, estrella del desfile de Malne. La rapera, compositora de 'Chico malo', el tema de las 'triunfitas' Aitana y Ana Guerra para Eurovisión, es la musa de la colección, pensada para una mujer con mucha fuerza, que se arriesga con sus estilismos barrocos con magníficos detalles de sastrería de los años 50.

Albert Rivera estuvo con su pareja en la primera fila del desfile de un osado Ulises Mérida

Como en casa

Oliva está como en casa en la pasarela madrileña, por lo que decidió amueblarla y que algunos de sus modelos se relajasen en ropa interior mientras otros mostraban propuestas de calle juveniles y otras de fiesta, muy similares a las que confecciona para El Corte Inglés.

Una puesta en escena que quedó eclipsada por Teresa Helbig y sus preciosas obras de arte. La catalana toma detalles de la naturaleza, como las nervaduras de las hojas, abejas, caballitos de mar o escarabajos peloteros, para bordarlos con delicadeza sobre sus románticos diseños con aire historicista. La modista hace las delicias de los amantes de la buena costura, con detalles como racimos de uva en los gemelos o perlas escondidas en el forro de sus prendas, la mayoría de alfombra roja. Tesoros casi ocultos que son puro amor.

Era la tercera vez de Custo BCN desfilaba en MBFWM, pero esta ocasión fue mucho más especial. Era la primera vez que presentaba oficialmente y en primicia una de sus colecciones en Madrid y no en Nueva York, donde lo lleva haciendo ya 23 años. De hecho, es norma de la pasarela neoyorquina que se muestren en primicia las colecciones, pero han hecho una excepción con el 'rey de las camisetas', que volverá a la Gran Manzana el 10 de febrero.

Para el diseñador es un «subidón» hacerlo en la capital de España, donde lleva tres temporadas con una excelente acogida. La propuesta «inclasificable», según palabras del catalán, es solo para mujer, con un contraste entre coloridas prendas muy amplias y ajustadas.

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