Un conservador en el desmadre contracultural

I. ESTEBAN

El lugar de nacimiento no tiene por qué determinar la ideología del paisano, si la tuviere. Pero en el caso de Tom Wolfe la relación entre ambas cosas se cumple a la perfección. Nacido en el conservador Estado de Virginia, nunca ocultó sus preferencias republicanas. Pero en vez de dedicarse a escribir en las poderosas revistas de la derecha estadounidense en los sesenta, como 'National Review', se dedicó a patearse las calles de Nueva York primero y a desplazarse después donde el creía que estaba lo nuevo, la noticia, entre los colgados y los 'hippies' de California. Debió de hacerlo muy bien, pues el respeto de estos individuos hacia Wolfe fue máximo. Y no sólo eso. Los contraculturales de todo el mundo leyeron con avidez sus libros pensando de algún modo de que él estaba a favor. Quizá por su método de meterse en el meollo de la historia y de sus personajes diera esa impresión.

Hombre atildado y con nivel de gasto, Wolfe colocaba sus escritos en 'Esquire', 'New Yorker' y, a partir de 1969, en 'Rolling Stone'. Todas ellas pagaban cantidades exorbitantes. En 'Ponche de ácido lisérgico', sigue la pista de Ken Kesey - autor de 'Alguien voló sobre el nido del cuco'- y de la panda que viajaba en su colorido autobús. A ese libro siguió el titulado 'La banda de la casa de la bomba y otras crónicas de la era pop'. Aunque sus temática no era estrictamente contracultural sí que estaba en sus alrededores. Su elección para un artículo de Marshall McLuhan, profesor de la Universidad de Toronto y autor de la famosa frase «el medio es el mensaje» no fue casual. Libros suyos en los que analizaba la «aldea global» eran devorados por los universitarios melenudos en busca de las claves para la conciencia expandida a través de la tecnología. Steve Jobs nació directamente de este sustrato.

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