Cuando todos conocen tu casa

La polémica del aspirador que hace mapas de los hogares reaviva el debate sobre la privacidad del 'Internet de las cosas'

MICHAEL MCLOUGHLIN

Madrid. Es uno de los avances de la domótica que más se ha popularizado en los últimos años. Los robots de limpieza. Pequeños dispositivos que recorren tu casa barriéndola y, más recientemente, haciendo de fregona. Las primeras generaciones de estos aparatos se topaban con obstáculos, se quedaban atrapados y necesitan ayuda humana para superar algunos incidentes. Pero la innovación los equipó de sensores y tecnología suficiente para ser más eficientes, controlarlos remotamente desde el móvil e, incluso, hacer un mapa de tu casa con los datos que van recogiendo en sus 'incursiones'. La polémica surgió apenas hace diez días. iRobot, el fabricante responsable del robot aspirador Roomba, planteaba vender estos 'planos' a otras empresas tecnológicas como Apple, Google, Amazon.

«Creemos que, próximamente, esta información puede aportar incluso más valor a nuestros clientes al permitir que la casa y los dispositivos inteligentes trabajen mejor juntos, pero siempre con el consentimiento explícito del usuario», afirma Colin Angle, vicepresidente de la compañía en una entrevista con Reuters. Matiza que hoy no ejecutan ninguna de estas prácticas y que el cliente puede desactivar la opción de compartir datos.

Los robots básicamente mapean las estancias para optimizar el tiempo y batería. Aunque no necesitan conocer al detalle la habitación para esquivar objetos, la información recolectada en sus paseos permite alcanzar un completo grado de detalle. Según la firma, la utilización de estos datos mejoraría, por ejemplo, los altavoces inteligentes que orienten el sonido de una manera u otra dependiendo la habitación.

Esta declaración de intenciones alertó a muchísimas personas y organizaciones encargadas de velar por la información sensible de los usuarios. El revuelo ha hecho que iRobot aparque estos planes momentáneamente, aunque seguirá recolectando datos.

La polémica ha vuelto a poner el llamado 'Internet de las cosas' en el centro de la polémica. Un artículo de la revista 'Wired' alertaba de que esto «iba camino de convertirse en una granja de datos» y que el caso de Roomba sería el primero de muchos más. Se espera que haya más de 8.400 millones de dispositivos conectados a Internet a finales de este año, según Gartner. Y son muchas las empresas que sueñan con aprovechar sus datos, bien para otras divisiones de su negocio, bien para hacer negocio con terceros.

En los últimos años más empresas han entrado en este negocio de los objetos conectados. Google, cuyo principal negocio es la publicidad contextual, adquirió en 2014 por 3.200 millones de euros la empresa que fabrica Nest, un termostato inteligente. Su objetivo no era abrir una nueva vía de negocio sino reforzar el actual. Un termostato inteligente permitiría a Google conocer nuevos detalles sobre los usuarios y sus hábitos y costumbres que no podían obtener de otra manera.

Datos claves

Otro gigante que ha entrado de lleno en esta batalla es Amazon, con un altavoz inteligente, Echo, basado en su asistente de voz Alexa. El aparato reacciona a órdenes de los usuarios, preguntas, comandos hablados... Pero también tiene escucha pasiva, sin que se le interpele. El debate que afecta a Roomba puso a la firma de Jeff Bezos en el centro de la polémica cuando Echo fue testigo de un asesinato en 2015. La Policía solicitó acceso a las conversaciones grabadas por uno de estos aparatos en casa del acusado para recrear el crimen. Amazon se negó en un primer momento pero tras un fuerte debate se autorizó. El juicio está pendiente de resolución, pero este episodio evidencia la necesidad de articular un reglamento sobre la información qué recolectar y utilizar estos aparatos.

No es la primera vez ni será la última en que se recurre a ellos en un juicio Una Fitbit, un monitor de actividad con forma de pulsera, fue hace un mes la principal prueba de cargo en otro juicio por asesinato en Estados Unidos. El dispositivo registró movimiento bruscos y las pulsaciones de la víctima en un enfrentamiento con su asesino hasta detenerse bruscamente a las 10.05, hora de la muerte. Esto sirvió para determinar la identidad del culpable, el marido de la víctima.

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