CITA CULTURAL EN EL PARLAMENTO

ALBERTO PIZARRO CRÍTICA DE ARTE

La pretensión era que el sábado 17 de junio el Parlamento de La Rioja acogiese una nueva acción cultural, dirigida a todos los públicos, para dar a conocer su colección de arte, la evolución de la pintura en los últimos años. Un recorrido por el salón de plenos y claustro alto para ver los cuadros ganadores y adquisiciones de las diversas ediciones del Certamen de Pintura.

Pocas fechas antes, Marina Pascual, timonel del asunto, nos sugería desde Facebook que si ese día queríamos resguardaros del calor durante un ratito y nos apetecía ver algo nuevo nos acercáramos al Parlamento, donde conoceríamos muchas obras interesantes y entresijos del Certamen que nos harían sonreír y aprender. Ante tan atractivo plan, confirmé mi asistencia. Pero fui y no había nadie. Esperé el tiempo que la cortesía demanda y nada. Así que opté por realizar solo la visita. Como sé que Marina es una señora (en la acepción de nobleza, no de edad), le envíe un mensaje acusando el plantón. Me contestó que como sólo se habían apuntado dos personas, tras ser avisadas, anularon la convocatoria. Pongo mi honor por testigo que no recibí comunicación alguna. El fallo no tiene mayor importancia, salvo la descortesía o despreocupación por parte de la secretaria del Gabinete de Presidencia. Pero sí lleva a cuestionarse el interés de los riojanos por tal colección. Cierto es que el aborto contó con los atenuantes de mañana de sábado, tiempo soleado y calor sofocante; circunstancias en las que lo que apetecía era irse al chalé, a una ribera o a la piscina, parlar con amigos o familia, ver gente joven casi en cueros y darse un buen almuerzo. Y, al parecer, el personal optó por eso. Aunque yo hubiera preferido la opción de, a la salida del empapamiento de arte, ir tomar un vermú por las cercanas, frescas y rumorosas calles de Logroño con la inspirativa Dª. Marina y la compaña, y atar cabos.

Lo que subyace es el escaso interés de los riojanos por esa colección. Dando por buena esta hipótesis, considerando que el Parlamento está colmado de obras y que el certamen ha logrado situarse, por premios, entre los más relevantes del país, sólo superado por iniciativas privadas como el Premio BMW o el Focus Abengoa, es obligado preguntarse: ¿Merece la pena que se siga gastando ese dineral, que sólo sirve de expansión a sus señorías? Cierto es que, mirándolas, evitan hacerlo a los caretos de adversarios o correligionarios, se instalan en las nubes, se enrollan con las musarañas (convocadoras de la musas) o emprenden viaje a Babia.

Al tenor conviene recordar las palabras del presidente Ceniceros: «El objetivo es hacernos con una serie de obras que luego puedan disfrutar todos los ciudadanos». ¿Disfrutar todos los ciudadanos? Intento vano. A lo mejor es necesario destinar ese dinero a acciones más motivadoras... Pero, por favor, nunca a degustaciones.

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