Weinstein, en libertad vigilada tras ser acusado de violación y abusos sexuales

Harvey Weinstein. / Reuters

El productor de cine ha tenido que entregar su pasaporte y aceptar un brazalete electrónico que sólo le permitirá desplazarse entre los juzgados y su mansión en Connecticut

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

Harvey Weinstein se entregó este viernes en una comisaría de Nueva York y salió esposado y con una desafiante sonrisa una hora y media después camino de la corte penal en Manhattan, donde el juez Kevin McGrath decretó su libertad vigilada tras imponerle el pago de un millón de dólares de fianza. La imagen del otrora todopoderoso magnate de Hollywood, custodiado por una policía, trajo un preciado momento de paz a cientos de mujeres cuyas vidas destruyó sin pestañear. Se calcula que 95 lo han hecho público desde octubre. Weinstein está acusado de cuatro delitos sexuales - entre ellos, una violación y un caso de abusos-, en los que se han visto afectadas dos de sus víctimas. «Una llamada y estás acabada», las amenazaba. «Tengo ojos y oídos en todas partes. Soy Harvey Weinstein. Tú sabes lo que puedo hacer».

La actriz Rose McGowan fue una de las que recibió esa llamada, después de que la violara hace veinte años en un hotel de Utah durante el Festival de Sundance, según su testimonio. «A partir de ahora voy a ser tu amigo especial», le decía.

La protagonista de 'Embrujadas' saboreó el momento, pero advirtió a sus hermanas de via crucis de que la satisfacción será efímera. «Esto se va a poner muy feo. Preparaos para escuchar que todas lo buscamos». Sin duda, esa será parte de la defensa del magnate, cuyo abogado ya ha adelantado que se declarará no culpable y cuenta con que el juez desestimará los cargos. «No hay manera de que doce hombres y mujeres (del jurado) crean la historia de estas mujeres más allá de una duda razonable, si no están contaminados por el #MeToo», dijo Benjamin Brafman. Su cliente tendrá en su contra los pagos con los que compró el silencio y las empresas que contrató para espiarlas y amenazarlas.

Su primera estrategia será negarlo todo. La segunda, decir que fue sexo consentido. La tercera, culpar a la industria, a la que amenaza tácitamente con hundirla en el fango si se ve acorralado. «Weinstein no inventó el casting de sofá en Hollywood», adelantó su abogado con cinismo. Con ello implicaba que el sexo era parte de las entrevistas de trabajo en la industria cinematográfica, donde antes de saltar a la fama las actrices guapas se veían obligadas a pasar por la piedra de sus productores. Salma Hayek, Angelina Jolie, Gwyneth Paltrow y Ashley Judd son algunas de las muchas a las que atacó. Con el halo de celebridad al que contribuyó contratándolas para sus películas hicieron despegar el movimiento en su contra.

El #MeToo entra ahora en una nueva etapa, al pasar de las redes sociales a los tribunales de Manhattan, donde dos mujeres se enfrentarán solas a los abogados del productor. Aunque la fiscalía de Nueva York no ha hecho público sus nombres, se cree que una de ellas es Lucia Evans, de las primeras en denunciar públicamente su historia en las páginas de la revista New Yorker.

Su caso ocurrió en las oficinas de Miramax, donde Weinstein le dijo que sería «genial» para la serie de televisión 'Project Runway' y luego se sacó el pene y se lo metió en la boca agarrándole la cabeza. «Traté de escaparme, le dije una y otra vez que parase, que no quería hacer eso, pero es un tipo grande con más fuerza que yo», explicó a la revista, que ganó el Pulitzer por el reportaje. «No quería darle una patada ni hacerle daño y me rendí. Esa es la parte más horrible, que nos rendimos y nos sentimos culpables por no habernos defendido lo suficiente».

Eso se acabó. El millón de dólares que ha depositado este viernes es sólo parte de la fianza de 10 millones que ha tenido que pagar. El resto se le ha aceptado en bonos. Weinstein ha tenido que entregar su pasaporte y aceptar un brazalete electrónico que sólo le permitirá desplazarse entre los juzgados y su mansión en Connecticut. Incluso si este no es el Juicio Final que todos querrían ver, «su mayor castigo es la humillación, haber perdido el poder, no poder seguir pagando una asistente que le suministre pastillas para ponerle el pene duro y seguir violando mujeres», explicó en MSNBC Rose McGowan. «Debería de ir a la cárcel para siempre, por todas las mujeres que hemos llorado de rabia cada noche de Oscar viendo cómo le aplaudían».

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