El cine vasco, una marca «con pies de barro»

Los autores de Handia reconocen que llegaron a pensar en la gala que la estatuilla a mejor película también era suya

OSKAR BELATEGUI

bilbao. Xabier Berzosa, productor de 'Handia', no disfrutó de la gala de los Goya. «La gente me dice que fue como una montaña rusa, un subidón y un bajón, pero yo lo viví como un ascenso progresivo», recuerda. «Al pensar que tenía que subir al escenario a dar un discurso con el Goya a la mejor película me puse como un flan. Traté de disfrutar, pero fue imposible». Estaba previsto que la historia del Gigante de Altzo recolectara estatuillas en los apartados técnicos. Pero nadie sospechaba que iba a amasar diez Goyas. Cuando se hizo con la categoría de guion, sus responsables vieron muy cerca el premio gordo de la noche.

«Jamás pensamos en ganar el Goya a mejor película antes de la gala», reconoce Berzosa. El director Aitor Arregi también vivió una noche de «tensión, ilusión e incertidumbre». Y eso que tenía la experiencia previa de 'Loreak'. «Con el primer Goya de la noche a Eneko (Sagardoy, mejor actor revelación), pensamos que había merecido la pena coger el autobús para ir a Madrid. Con el de guion nos crecimos. Querían mandarnos a la sala de prensa pero les decíamos: '¡Eh, que todavía tenemos más nominaciones!'».

Las diez estatuillas para el cine vasco convierten en histórica una edición de los Goya que naufragó como espectáculo con un 19,9% de share, la audiencia más baja desde 2015. Nunca se ha escuchado tanto el euskera en unos Premios de la Academia. La prueba definitiva de que el cine vasco vive un momento pujante, sobre todo en lo relativo a sus técnicos, que gozan de un merecido prestigio en la profesión. «Crecen cuando les das posibilidades de desarrollarse a un nivel más exigente», apunta el productor de 'Handia'.

'Handia' costó 3,5 millones de euros, incluida la publicidad, y ha recaudado en torno a 530.000 euros. Su distribuidora, A Contracorriente, (la misma que 'La librería'), baraja devolverla a las salas, aunque también tiene previsto su inminente lanzamiento en plataformas digitales. «Al rodarla alguien nos previno: 'Os creéis que estáis haciendo la película con mayor presupuesto de Euskadi y rodáis la superproducción más barata de la historia del cine español'», ironiza Xabi Berzosa, que tacha de «absurdo» el abultado presupuesto para una cinta en euskera. «Aprovechamos el momento y la planteamos como una película bisagra, que pretendía cambiar las normas del juego».

Jon Garaño, Aitor Arregi, José Mari Goenaga, Telmo Esnal, Asier Altuna, Koldo Almandoz, Borja Cobeaga... Una nueva generación de directores vascos rueda de manera libre y desprejuiciada. Y si lo hace en euskera no es por militancia, sino porque la historia lo exige. «Todo empezó con '¡Aupa Etxebeste!'», reflexiona Aitor Arregi. «El cine vasco es una marca, algo siempre más fácil de vender. Yo me siento cómodo colocando 'Handia' en esta etiqueta, que goza de cierta fuerza, pero que también tiene los pies de barro», advierte. «En cualquier momento puede venir un parón y esto se cae. Necesita del esfuerzo de los creadores para hacer películas que motiven al espectador más allá de la militancia. Y apoyo de las Administraciones y las televisiones, por supuesto. El público quiere buen cine, no le puedes pedir que vaya a ver tu película solo porque es de aquí».

Pasada la resaca, toca volver al tajo. 'La trinchera infinita' será una epopeya más barata que 'Handia'. Seguirá a un maquis a lo largo de casi cuarenta años. Y se rodará en castellano.

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