CHAPUZA INFERNAL

CHAPUZA INFERNAL

JONÁS SAINZ - CRÍTICA DE TEATRO

Sí, yo también me lo he preguntado alguna vez: ¿Estaba Dios borracho cuando creó el universo? ¿Era acaso la semana de San Mateo? ¿Quemó la cuba el séptimo día? Solo así se explicarían algunas chapuzas gordas, desde la lamentable pérdida del paraíso al apocalipsis nuestro de cada día. Pero esta torpe, aburrida y muy prescindible 'Obra de Dios' a que nos condenaron en plenas fiestas Mariano Peña, Tamzin Townsend y Chema Rodríguez-Calderón, unos, trinos y cetrinos, no tiene perdón del susodicho ni Cristo que lo fundó. Nueve novenas cómicas de desagravio a las puertas del Bretón no bastarían para lavar semejante profanación a la gracia teatral y la inteligencia de los mortales. No hay Job que lo soporte.

Ni siquiera es original la idea de parodiar la figura divina de la tradición católica, su historia sagrada y sus preceptos. Películas como 'La loca historia del mundo' de Mel Brooks o 'La vida de Brian', la insuperable obra maestra de Monty Python, son ejemplos de un género propio que de algún modo ha contribuido a un saludable grado de desmitificación cultural del cristianismo que otras religiones están muy lejos siquiera de iniciar -lo que, desde luego, sería para todos muy conveniente que hicieran-. En la escena española Joglars lo logró con la iconoclasta 'Teledeum'. Pero esta muy olvidable 'Obra de Dios' ('An act of God') no merece ser incluida en otra categoría que no sea la de los pestiños adaptados por el simple hecho de gozar de la bendición de Broadway. Líbrenos el cielo de caer en la tentación.

Quizás la América profundamente ignorante de Trump y el creacionismo recalcitrante necesiten todavía unas cuantas bofetadas bíblicas para caer del limbo y quizás la intelectualidad neoyorquina se sienta más progre con estas bromitas de poco calado, pero el vulgar texto de David Javerbaum no pasa de ser una sucesión de ocurrencias paridas en la Red a razón de ciento cuarenta caracteres. Engordarlas, disfrazarlas de teatralidad barata y ponerlas en escena es pretencioso incluso para un show de Jim Parsons; aunque -reconozco la eficacia del golpe- tiene su punto humorístico que fuese el protagonista de 'Big Bang Theory' quien encarnase allí al Todopoderoso.

La versión española reproduce con poquísimo acierto un flojo decamonólogo a partir de diez mandamientos 'nuevos', cuatro chascarrillos del Antiguo Testamento y un poquito de la historia más simple jamás contada. Y como el marronazo de recrear al Creador recae sobre el también muy televisivo Mariano Peña, estos diez churromandamientos se resumen en dos tonterías: la primera, que ni él mismo creería en Dios, no al menos en este; y la segunda, ¿por qué Jesús salió tan de izquierdas teniendo un padre tan facha como Mauricio?

Lo sé, estos chistecillos apestan a azufre, pero les juro que son solo un poco peores que los de la función. Con tostones así no hace falta ningún otro infierno llameante.

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