«Si te van a dar el Cervantes, es que lo has hecho mal»

El escritor Rafael Reig. :: I.Giménez/
El escritor Rafael Reig. :: I.Giménez

«Estoy harto de la literatura del yo. Es reaccionaria», asegura el escritor sobre la autoficción Rafael Reig tiene nueva novela 'Para morir iguales' con la que avanza en sus «episodios transicionales»

MIGUEL LORENCI MADRID.

Si su admirado Benito Pérez Galdós escribió los 'Episodios nacionales', Rafael Reig (Cangas de Onís, 1963) va camino de escribir unos críticos 'Episodios transicionales' al situar otra vez su lupa de fabulador sobre unos años muy concretos. Como hizo en 'Un árbol caído' y 'Todo está perdonado', en su nueva novela, 'Para morir iguales' (Tusquets), regresa Reig al período de la Transición, cuando se instauró «una dictadura del consenso» que «hoy se ha hecho más severa». El escritor es para Reig «un tocapelotas» con «la obligación de incomodar». Y él trata de jugar con dignidad y mucho humor ese papel con cada aventura narrativa.

«Si no es así eres un mentecato. No se escribe para complacer. El escritor es una suerte de Pepito Grillo; un poquito cascarrabias y agorero. Para complacer a la gente y decirle lo guapos que son ya están las compañías de móviles que te dicen 'se libre', 'se independiente'. Si te van a dar el Cervantes, es que lo has hecho mal», asegura Reig en vísperas de que Sergio Ramírez recoja de manos del Rey el premio mayor de las letras hispanas en Alcalá de Henares.

La hoy denostada Transición «tuvo muchas cosas buenas», reconoce Reig. Pero sitúa en los años posteriores a la muerte de Franco «el inicio de la dictadura del consenso y del sentido común que anestesió el pensamiento y obligó, por ejemplo, a una mayoría de españoles a votar sí a la OTAN». «Ese nítido predominio del sentido común es el fin del pensamiento», diagnostica y reivindica el derecho al error y la discrepancia. «Nadie tiene derecho abrir la boca para decir algo con lo que no se pueda estar en desacuerdo», dice. «Para pensar hay que correr el riesgo de no tener razón y equivocarse. Hemos aceptado el consenso y es, insisto, el fin del pensamiento. Supone volver a las cavernas», aventura.

«Pensar supone correr el riesgo de no tener razón y equivocarse», dice el autor de 'Para morir iguales'

La novela cuenta la transformación de Pedrito Ochoa en el respetable don Pedro. La conversión de un huérfano criado con implacables y retrógradas monjas en un hospicio ajeno a la gran mutación que vive el país, en un adinerado abogado con suerte y acceso al poder y al dinero. Una transformación en la que no todo queda en manos del azar y que comienza cuando accede al Atrium, la escuela de las familias ilustres del franquismo. «Elegimos nuestro papel pero tomamos decisiones morales», apunta. Tan abominable como el sentido común y el consenso es para Reig la autoficción hoy tan en boga. «Estoy harto de la literatura del yo. Es reaccionaria», asegura.

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