El cementerio nuclear de Villar de Cañas condiciona el desmantelamiento de Garoña

Vista de la sala de control de la Central Nuclear de Santa María de Garoña, en Burgos. :: F. O. Villafranca

La obra generará más de 4.000 toneladas de residuos radiactivos, pero solo los más activos se quedarán en un almacén junto a las instalaciones

J. LUIS ÁLVAREZ MADRID.

Una vez definido el futuro de la central nuclear de Garoña, su plan de desmantelamiento está condicionado por la paralización del Almacén Temporal Centralizado (ATC) de Villar de Cañas, en Cuenca. Los planes que el Ministerio de Industrial tenía en 2011 pasaban por llevar a la localidad castellano-manchega el combustible gastado, por lo que, como solución provisional tendrá que ampliarse el tamaño del Almacén Temporal Individualizado (ATI) que actualmente está en fase de construcción en la central burgalesa, ubicada en el valle de Tobalina. El coste de todo el desmontaje se aproximará a los 300 millones, más del doble de lo que en 2003 se presupuestó para su cierre. Las obras se prolongarán durante una década.

Y es que la vieja central nuclear, inaugurada en 1970 y parada desde diciembre de 2012 a la espera de que se decidiera su futuro, plantea el problema de qué hacer con las más de 4.000 toneladas de residuos radiactivos que se generarán, a los que se suman las 218 de alta actividad que almacena la piscina que existe en la central. Fuentes de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa) explicaron que tras el anuncio del cierre se prepara la documentación para «la solicitud de autorización de desmantelamiento y la transferencia de la titularidad de la central nuclear». Estos trabajos serán realizados de manera conjunta con la empresa titular de la instalación, Nuclenor. Unos permisos que el Gobierno tendrá que certificar y en los que el estudio de impacto ambiental será fundamental.

La demolición de Garoña proyectada en 2011 hacía referencia desde la retirada de los equipos, la descontaminación del material y su separación según su grado de radiactividad y su traslado para su reciclaje o almacenamiento. Todo estabas en función a lo dispuesto en el Sexto Plan General de Residuos Radiactivos 2007-2070 que ya advertía que el cierre de las centrales «puede verse notablemente dificultado (incluso impedido)» por «la existencia o no de capacidades suficientes de gestión para el combustible gastado». Por este motivo, el Plan advertía que en el futuro «se requiere la existencia de instalaciones específicas, con carácter temporal, como serían las propias del ATC».

Por el momento, el almacén de Villar de Cañas, donde ya se han invertido más de 77 millones, está paralizado a la espera de que se autorice el proyecto tras la nueva declaración de impacto ambiental presentada. El ATC está paralizado desde 2015, cuando Castilla-La Mancha amplió las lindes un espacio natural próximo para bloquear la construcción. El Supremo anuló en enero pasado esta decisión del Gobierno regional al prevalecer sobre éste la «seguridad nuclear».

De las piscinas a los ATI

Hasta 1982 España reprocesaba el combustible nuclear en Francia o Reino Unido. En cambio, desde 1989 junto a los reactores existen piscinas en la que se almacena por periodos variables de tiempo el combustible gastado. El almacenamiento tiene un periodo de caducidad de 50 años. Para evitar que esas piscinas se saturen -están al 80% de su capacidad- comenzaron a construirse Almacenes Temporales Individualizados (ATI), como los que ya existen en las centrales de Trillo, Ascó y Zorita, esta última en fase de desmantelamiento. En el caso de Garoña se inició el año pasado la construcción de su almacén, proyecto que por razones obvias deberá de ser ampliado.

En estos ATI, según explicaron las mismas fuentes, se almacena el combustible gastado en contenedores fabricados de metal o de hormigón-metal. En Garoña, la declaración de impacto ambiental del ATI proyectaba una instalación para albergar 32 contenedores de combustible, con una capacidad de 2.256 toneladas. En ellos habrá que guardar el material de alta radiactividad de la central. El resto de materiales contaminados de Garoña viajarán hasta el cementerio nuclear de El Cabril ( Córdoba).

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