EL CAYDA EN LEVANTADA

ALBERTO PIZARRO

La exposición de J. A. Aguado en el Centro de Arte y Diseño Aguado (CAYDA) es tan clásica en Navidad como los turrones, o las cenas de empresa, donde a veces surge esa oportunidad tan largamente buscada con el sexo contrario, en la que las miradas dan paso a las manos... A la pintura de Aguado le pasó como a los turrones (ahora los hacen hasta de cazalla): qué cambio. Movido por el inconformismo temático, abandonó su pulcra y trabajada figuración para pasar a una delicada abstracción de inspiración constructivista, tonalmente emparentada con lo ya hecho. En sus consumaciones abstractas, sin afán imitativo alguno, había evocaciones de Kandinsky, Gottlieb y Hofmann. Quería desafiarse con obras en las que verter lo racional y emocional, componentes que habían prestigiado la abstracción. ¿Por qué un pintor figurativo no podía ser un especulativo? Recorridos los periplos plásticos necesarios, con 'Sugerencias plásticas 03' Aguado ha vuelto a lo que le pedía el alma de la mano: paradisíacos racimos, flores, paisajes, bellos retratos, lances taurinos, etc., a los que ha dado, dentro de una figuración suelta, toques preñados de sutilezas y atrevimientos aportados por las vanguardias.

Aunque el asunto de las ventas no debería competer al crítico, valga la intromisión siquiera sea porque parece que, al menos en el CAYDA, están en levantada. Y eso, tras años de atonía, merece constatarse. Y celebrarse. Los amigos de Aguado tenían preparada una cena, pero un trancazo en uno de ellos hizo que se suspendiese. Pena, porque tras la misma habían barajado la posibilidad de darse un garbeo en la noche oferente. De haberse celebrado, las fantasías habrían devenido en cordura, para reducirse a una sobremesa en la que se analizar 'Esencia de Rioja', muestra de pinturas, collages y 'assemblages' históricos que había inaugurado, en el Calado, el día anterior Uzqueda, artista del cachivache y máximo representante del 'arte povera' en La Rioja. Combinando materiales como herrajes palaciegos, partituras olvidadas, periódicos del año de Maricastaña salvados de envolver el pescado, etc., nos llega a los recovecos más apartados de la sensibilidad. Ensoñadores.

Dos artistas, amigos desde siempre, riojanos hasta las cachas, pero con estilos radicalmente diferentes (el de Aguado, más refinado; el de Uzqueda, más menestral). Arte, pues, para todos los gustos. Y para gusto el de Richard Gere, quien, a la misma hora que inauguraba Uzqueda, llamaba, en el Senado, 'handsome'(guapísimo) a Sanz Pedro, tras ponerle confianzudamente la mano en el hombro. Desenfadados.

Tras la visita al CAYDA pasé por donde horas antes un acordeonista, aterido de frío, interpretaba 'La vie en rose', y por donde había pedido limosna un mendigo acompañado de su perro (¿quién de los dos comería con la exigua colecta?). Y me vino el recuerdo de V.R., al que el parkinsonismo impide salir en Nochebuena a cantar villancicos por su barrio acompañándose con la guitarra, como hacía años atrás. Sobrevivientes.

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