CASCANUECES, UN CLÁSICO PARA NAVIDAD

CRÍTICA DE BALLET - PERFECTO URIEL

Comenzar con un '¡Feliz año nuevo!' es siempre agradable en los primeros días del año. Quince años han pasado desde que Diario LA RIOJA me invitara a colaborar en sus páginas haciendo crónicas de lo que conozco: danza. Desde entonces, poco ha cambiado el panorama navideño en propuestas para toda la familia, en la calidad del producto. Tres o cuatro 'Cascanueces' han pasado por la ciudad y ninguno de ellos ha merecido la pena. Pero, a veces queridos lectores, el oro alemán, que decían nuestros abuelos y que con el tiempo se oscurecía y perdía brillo, en esta ocasión se tornó en casi bueno.

El pasado sábado acudía yo, con mi acompañante habitual, a Riojafórum para ver 'El Cascanueces'. Representación fuera del programa de la sala y por ello me inquietaba un poco más de lo habitual. Gran afluencia de público, mucha chavalería, y eso también era motivo de sorpresa, positiva en esta ocasión. La sala, a rebosar.

Dos actos que siempre son encantadores pues el cuento es uno de los clásicos que todos conocemos o que, al menos, debiéramos repasar cuando se acercan estas fechas. Presentación muy de cuento, con telones coloristas creados especialmente para endulzar la retina de los más jóvenes. Mucho pastel, oropel, brillo y maneras burguesas de las que se usaban antaño que hubieran lucido con más encanto si el esfuerzo en iluminación hubiera sido más generoso.

El primer acto no es relevante a nivel interpretativo. De corte narrativo nos sitúa para los acontecimientos del segundo. Gran alarde de mímica hasta llegar al momento del paso a dos antes del 'Vals de los copos de nieve', que fue resuelto con claridad y sencillez.

Segundo acto resuelto con mucha solvencia en lo técnico y en lo artístico. La pareja estelar, en quien descansa todo el argumento, brilló absolutamente en cada momento de la noche. Generosos ambos en piruetas y saltos sabían mostrar la mayor de las delicadezas en cada momento musical con su sensibilidad desbordante en cada nota. El paso de dos del 'Hada Pan de Azúcar' fue maravilloso, preciso y lleno de matices salvo en el alarde de acrobacias que tanto gustó al respetable. Pudo ser más brillante el 'Vals de las flores' pero la coreografía no ayudaba al lucimiento de las bailarinas. Una pena que todo estuviera acomodado a la compañía respetando muy poco la idea original de los coreógrafos.

El viaje exótico resultó agradable para los sentidos, en especial la variación Rusa y los 'Mirlitones', quienes con delicadeza supieron capturar la atención del auditorio. Lástima la música. Sonaba triste y sin matices. Un Tchaikovsky es para echar el resto con una grabación estupenda.

Aplausos cálidos, largos y sonoros que fueron correspondidos con varias 'glorias' de toda la compañía. Una pena no saber quién bailaba cada variación. Se necesita un programa de mano.

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