CASA DE TOLERANCIA

CASA DE TOLERANCIA

JOSU EGUREN

Por norma general no prestamos atención a la manera sibilina con la que a través del lenguaje se orquestan maniobras encubiertas de discriminación. Si las políticas inclusivas han logrado paliar los efectos más llamativos del uso sexista de la lengua, siguen existiendo casos menos evidentes que podrían simbolizarse en el título con el que fue estrenada en España la primera adaptación de la novela más destacada de Thomas P. Cullinan, aquí conocida como 'El seductor'. Por efecto de una traducción paternalista, aunque puede que bienintencionada, 'Las seducidas' del texto original pasaron a ocupar un lugar de sumisión en referencia a un personaje (interpretado por Clint Eastwood) que revolucionaba las rutinas de una escuela de señoritas en Virginia durante los primeros años de la Guerra de Secesión.

Despersonalizadas por efecto de un título en castellano que refrendaba la parcialidad (misógina) con la que Donald Siegel manejó el texto de referencia, el grupo de mujeres y adolescentes reivindicadas por esta nueva versión es alumbrado por una mirada que parece decidida a prolongar la atención sobre los rasgos más sutiles de la gestualidad dramática con la que Sofia Coppola se dio a conocer en 'Las vírgenes suicidas'.

Las dinámicas internas de un gineceo coppoliano que se balancea de extremo a extremo movido por los impulsos de la sororidad, la represión y los celos desembocan en el que es uno de los mayores tabúes en la relación entre la mujer y el arte: el deseo y, por extensión, las interpretaciones políticas que devienen de su transformación de objeto en sujeto en el marco de un microcosmos matriarcal que reproduce los peores tics de la masculinidad. Puede que la adaptación de Sofia Coppola no sea capaz de desbordar con sustancia los bellos encuadres filmados por Philippe Le Sourd pero fija un punto de partida para el debate con fuertes reminiscencias a la espléndida 'Casa de tolerancia', de Bertrand Bonello (2011).

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