Las cartas de juventud de Roberto Bolaño revelan su vocación literaria

El escritor chileno tuvo una relación epistolar con su compatriota Soledad Bianchi a lo largo de casi dos décadas que ahora sale a la luz

COLPISA/AFP

madrid. Roberto Bolaño siempre tuvo claro que quería convertirse en escritor al precio que hiciera falta. Así lo pone de manifiesto la correspondencia que mantuvo durante casi veinte años con la crítica literaria chilena Soledad Bianchi.

Cartas, la mayoría manuscritas, poesías y hasta borradores de novelas que intercambió con la crítica literaria y editora de revistas, que acaba de venderlas a la Universidad Diego Portales de Chile y que desde la semana pasada se exponen en la biblioteca Nicanor Parra, referente del escritor.

«Lo que nunca quedó duda de carta en carta es su porfía y pasión por la literatura», dice Bianchi en un aula de la cátedra consagrada a Bolaño, hoy encumbrado al altar de los mejores exponentes de la literatura latinoamericana. «Él quería ser escritor y sabía que lo sería, aunque debiera dejarse el pellejo», agrega.

Estas cartas revelan cómo Bolaño gestó su consagración literaria, que casi no pudo disfrutar debido a su muerte temprana en 2003, con 50 años. La exposición 'El escritor joven y la crítica: muestras de epistolario Bianchi/Bolaño' da fe de esta relación postal desde 1979 hasta 1997 durante su afincamiento en Gerona, tras vivir antes en México. Una relación reducida al correo, puesto que en casi 20 años escritor y crítica, que vivía exiliada en Francia, sólo hablaron un par de veces por teléfono. Se conocieron en 1998, en Chile, ocho años después del fin de la dictadura de Augusto Pinochet.

Sus cartas, con una letra clara y ordenada, reflejan la evolución de la creación literaria del escritor todavía en ciernes. Pero sobre todo permiten recrear cómo vivía en Girona, «un pueblo miserable pero con bonitas ruinas medievales», e incluso rememoran su revista 'Berthe Trepat', que cerró al tercer número porque ya no encontraba poemas para publicar.

«Vivo pobremente»

Bolaño también estaba interesado en que lo leyera Antonio Skármeta, escritor y paisano, y vivía solo cerca del piso de su mujer en la misma calle, el carrer del Lloro de la ciudad catalana. En casi todas sus cartas el hilo conductor son las penurias, aunque eso no le hace perder el humor: «Desde 1993, vivo únicamente de la literatura, es decir: vivo pobremente (ahora que lo pienso, como siempre)». «Para subsistir se había presentado una y otra vez a innumerables concursos convocados por ayuntamientos e instituciones», explica Bianchi.

Bianchi contactó a Bolaño el 17 de agosto de 1979 y le escribió para solicitarle colaboraciones poéticas para 'Araucaria de Chile', la revista de referencia del exilio chileno, ligada al Partido Comunista, de la que era una de las editoras.

Esta correspondencia se va interrumpiendo y espaciando al regreso de Bianchi a Chile en 1998, año en que por fin se vieron las caras. Después llegó el éxito de Bolaño, con títulos como 'Los detectives salvajes', ganadora del Premio Herralde en 1998 y el premio Rómulo Gallegos en 1999, y la póstuma '2666', hasta convertirse, después de su muerte en uno de los escritores más influyentes de la literatura en español.

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