El «carácter salvaje» del general Zurbano

M.I.V. LOGROÑO.

Durante la década de los 50 del siglo XIX, los apellidos españoles eran muy familiares para Karl Marx y Friedrich Engels (Narváez, González Bravo, María Cristina, Sartorius, O'Donnell, Evaristo San Miguel) y, también, los vinculados específicamente a La Rioja (Espartero, Salustiano Olózaga, Domingo Dulce, Martín Zurbano).

En sus artículos en el 'New-York Daily Tribune', abordó Marx el espinoso conflicto que atrapó a Olózaga entre la verdad y la palabra de Isabel II, tras una presunta violencia contra la reina de la que se acusó al político riojano en 1845. El escándalo urdido por la camarilla de Narváez -se acusaba a Olózaga de haber 'violentado' a la reina- no sólo estuvo a punto de costarle la vida al riojano sino que, además, permitió al moderantismo aferrarse al poder durante una década. Así lo definía Marx comparándolo con el regreso de Espartero al Gobierno en 1854: «Este fue el primer entrechat (pirueta) de Isabel en el escenario político de España y la primera prueba de su honradez. Y ésta es la misma reinecita en cuyas palabras quiere ahora Espartero que el pueblo tenga fe».

No tenía buen concepto sobre Zurbano, el escritor alemán, de quien criticaba en sus artículos el «carácter salvaje» del militar de Varea, mientras que, por contra, reconocía el importante papel del general sotesino Dulce en la Revolución de 1854.

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