El Camino de los reyes de Bélgica

El rey, con parte del equipo de seguridad, con viñedos al fondo. :: sonia tercero/
El rey, con parte del equipo de seguridad, con viñedos al fondo. :: sonia tercero

Felipe I y Matilde, junto a sus hijos, recorrieron ayer el tramo Logroño-NájeraLa comitiva real, que llegó a Nájera en grupos separados, empleó entre siete y nueve horas en recorrer los 29,6 kilómetros de distancia

FÉLIX DOMÍNGUEZ NÁJERA.

Los reyes de Bélgica, Felipe I y Matilde, junto a sus cuatro hijos y una comitiva formada por algunos amigos, uno de ellos sacerdote, y unos cuantos componentes del equipo de seguridad -entre policías españoles y belgas-, se dieron ayer la gran caminata por lo que respecta a los tramos del Camino de Santiago en su recorrido por tierras riojanas, ya que la etapa que cubrieron, entre Logroño y Nájera no sólo es la más larga, con 29,6 kilómetros, sino que es un continuo sube y baja, con algunas rampas exigentes.

En torno a las 10 de la mañana, la comitiva real belga emprendía su caminata en el parque de La Grajera, tras llegar en furgonetas de alta gama desde el hotel Viura de Villabuena de Álava, donde habían pasado la noche. El primer alto en el camino lo realizaron en un bar de Navarrete, donde pasaron desapercibidos en un primer momento, hasta que los sistemas de intercomunicación de los escoltas llamaron la atención de los responsables del establecimiento y, ligándolo con la información de Diario LA RIOJA, se percataron de la real visita.

En dicho establecimiento repusieron de agua sus cantimploras y consumieron diversos refrescos, café y hasta algo de fruta, dejando en los dueños del mismo una impresión de ser «gente muy normal».

Las primeras en llegar, las hijas de los monarcas y sus amigas, optaron por visitar Santa María la Real

Conforme iban cubriendo los kilómetros, y dadas las dificultades orográficas, la comitiva se iba desgajando, con los jóvenes abriendo camino. Así llegaron hasta Ventosa, el último pueblo antes de Nájera, donde se produjo un reagrupamiento sobre las 15.30 horas.

En el bar restaurante Buen Camino, y según relataron sus responsables, Vanesa Bargondia e Ismael Martínez, ocurrió lo mismo que en el anterior: «No nos dimos cuenta de quiénes eran hasta que no vimos los pinganillos de los escoltas», relataban ayer a este periódico.

Allí dieron cuenta de cafés, refrescos, helados, zumos y rellenaron sus cantimploras, mientras «los más jóvenes sellaban sus credenciales del Camino». «La reina me preguntó cuánto faltaba hasta Nájera y cuando le dije que unas dos horas, le pareció mucho, por lo que me dio la impresión de que iba cansada».

Entre las 17 y las 19 horas fueron llegando a Nájera, donde en la plaza de Santa María la Real, junto al monasterio, les esperaban las furgonetas que les trasladarían de nuevo al hotel alavés. Para matar la espera, las hijas de los monarcas y sus amigas, que fueron de las primeras en llegar, optaron por visitar el monasterio.

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