CAMA REDONDA

CAMA  REDONDA

ANTON MERIKAETXEBARRIA

En la mayoría de las comedias realmente divertidas quien nos hace reír es un cómico; pero quien nos hace pensar y luego reír es un verdadero humorista. Con 'El intercambio', el primerizo realizador andaluz Ignacio Nacho no logra ni una cosa ni otra. Por la sencilla razón de que estamos ante un vodevil populachero, centrado en los desvaríos que se producen cuando un matrimonio en crisis, desgastado por el tiempo y por la rutina, decide probar algo sexualmente estimulante. Así que con un despelotado intercambio de parejas intentará resolver el entuerto.

Es evidente que la percepción de lo cómico es diferente en cada persona, pero aquí ni siquiera el espectador predispuesto a la más banal astracanada disfrutará con el disparatado tinglado. Para empezar, la estructura del mal escrito guión está construida sobre el armazón de la típica y tópica teleserie paródica, tan de moda en la actualidad. Para colmo de males, en vez de sacar partido a la ductilidad interpretativa del experimentado reparto, con la intención de reforzar la picante premisa argumental, su máximo responsable se limita a forzar hasta el absurdo unas interpretaciones llenas de insoportables tics.

Una cinta, en suma, lanzada al mercado en la llamada época del impacto, cuanto más brutal mejor, perpetrado con incuria por un aspirante a director. Lo cual da pie a un engendro repleto de lugares comunes que, en vez de reavivar al fiambre, lo hunde aún más en su polvorienta tumba. Es inexplicable que un cineasta de nueva hornada haya sido capaz de firmar 'El intercambio' a base de chistes fáciles, un montaje que vuelve tarumba al espectador y una falta de imaginación que asusta. No es de recibo que en los laberínticos momentos históricos por los que atraviesa la berlanguiana España actual, el cine español se empeñe en enjaretarnos bodrietes tan vulgares como el presente.

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