'Blasphemous', el inesperado y salvador éxito de un videojuego

The Game Kitchen, un estudio sevillano al borde de la quiebra, logró recuperarse con el lanzamiento de una campaña en Kickstarter

IKER CORTÉS

Bilbao. La de The Game Kitchen es la historia de un pequeño estudio sevillano de desarrollo independiente que ha pasado de bordear la quiebra a ser uno de los grandes valores del sector en España. La culpa es de 'Blasphemous', un videojuego que aún no existe pero que acaparó toda la atención de la industria cuando se lanzó su campaña de financiación colectiva a través de Kickstarter. «Aún no me explico cómo funcionó tan bien la campaña», explica Mauricio García, que contó su éxito en el Fun & Serious Game Festival que se celebra estos días en Bilbao.

Su primer juego en el mercado, 'The Last Door', les dio cierta relevancia pero casi les arruina. Se trataba de una aventura gráfica tradicional que buscaba homenajear a la literatura clásica de terror. La crítica lo acogió bien pero las ventas fueron mal. Optaron así por utilizar la plataforma Kickstarter para financiar su siguiente título. Pusieron todo el esfuerzo en la parte estética del juego, «para que entrara por los ojos, sobresaliera y se viralizara». Y así fue.

Lanzaron la campaña en mayo. Pedían 50.000 dólares con la idea de que en la última entrara un editor que financiara el resto del juego. No hizo falta. En apenas 24 horas alcanzaron la meta y en 48 habían doblado los ingresos. Recaudaron 333.246 dólares, un 666% más de lo que habían pedido. El éxito fue tan abrumador que García tardó dos semanas en contestar a todos los 'emails' que preguntaron por el juego.

'Blasphemous' es un juego de acción en 2D desarrollado a la antigua usanza. Su estética pixel-art recuerda a títulos como 'Castlevania'. Aún están 'cocinando' el prototipo y en breve integrarán la parte narrativa para pasar al desarrollo final. Dejarán a otras empresas la gestión de la postcampaña. «No quiero pasar mi vida enviando paquetes», dice García que quiere ser «transparente» con los inversores. «Si algo va mal o no vas a llegar a tiempo, normalmente son comprensivos», dice.

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