Blanqueamiento dental, ¿de verdad funciona?

Blanqueamiento dental, ¿de verdad funciona?

El dentista valorará la idoneidad de realizar el tratamiento | Para cepillarse los dientes es aconsejable utilizar un cepillo de dureza media y una seda dental fina

EDUARDO BUJANDA

El blanqueamiento dental es un tratamiento dental estético que logra reducir o aclarar el tono y color de los dientes. En realidad el término correcto debería ser «aclaramiento dental», ya que de verdad lo que ocurre es que los productos que usamos los dentistas penetran dentro del esmalte y dentina limpiando las manchas que se han ido incrustando dentro. El color de los dientes no es exactamente blanco, ya que hay toda una gama de colores, desde el gris al amarillo pasando por tonos azules, rojos y transparentes.

Es un tratamiento muy demandado de cara al verano, como la mayoría de tratamientos estéticos, siendo muchos los pacientes que aprovechan estas fechas para cuidar sus bocas realizándose una revisión dental y la limpieza o profilaxis.

Según un estudio sobre el sector dental elaborado por el Instituto de Investigación Key Stone y Fenin, cerca de un 60% de la población española visitó una clínica dental en el año 2017. La mayor parte de los pacientes (47%) indican que acuden a la clínica dental a realizarse una limpieza.

Hay dos tipos de manchas, las intrínsecas del propio diente y las extrínsecas, por tabaco, té, café, etc.

La limpieza dental consiste en la eliminación de manchas y sarro acumulados en los dientes con un aparato llamado ultrasonidos. Suele ser necesaria una o dos veces al año. Debemos recordar que hay que cepillarse al menos tres veces al día, después de cada comida y pasarnos el hilo dental. El cepillo se cambia al menos cada 2-3 meses. Un signo de que está desgastado es cuando vemos que las cerdas comienzan a abrirse. Ese cepillo ya no es útil.

Lo normal es usar uno de dureza media y una seda dental fina. No todas las sedas dentales son iguales por lo que su dentista o higienista será el mejor en indicar cuál es la mejor para cada caso. La compra de una seda «mala» hará que pierda el hábito, se haga daño o ejecute mal la técnica. Para evitar las caries entre dientes y la acumulación de placa en las encías es imprescindible usar el hilo dental.

Otro de los tratamientos más demandados de cara al verano son los blanqueamientos dentales. Comenzaron a ponerse de moda gracias a los programas de televisión donde se daban consejos de belleza. Recientemente hemos tenido un curso organizado por el Consejo General de Dentistas donde los doctores Forner y Llena de la Universidad de Valencia nos han actualizado conocimientos sobre este tema.

Para realizar un blanqueamiento lo primero es un correcto diagnóstico. El dentista deberá valorar la idoneidad de realizar el tratamiento. Se tiene que hacer una limpieza previa y realizar los empastes necesarios. El producto principal es un peróxido de hidrógeno o de carbamida, que en contacto con el diente libera sus radicales de oxígeno introduciéndose por los poros del esmalte hacia la dentina deshaciendo las manchas.

Tenemos dos tipos de manchas, las intrínsecas del propio diente como las producidas por las tetraciclinas o por un traumatismo dental, y las extrínsecas, como podrían ser por tomar café, té, tabaco y vino (todo lo que pueda teñir una taza blanca). Estas últimas son más fáciles de eliminar. Se recomienda tomar una dieta 'blanca' durante el tratamiento evitando todos los productos que tiñen.

Existen dos tipos de aplicaciones del peróxido, bien en la consulta dental o a nivel ambulatorio en domicilio. Debemos anotar el color de partida y el color final para ver esos cambios, siendo ideal hacer también fotos.

En la consulta se deben aislar los dientes con una resina o dique de goma protegiendo la encía, aplicando el producto según las instrucciones del fabricante.

Para casa se fabrican unos plásticos o férulas adaptadas íntimamente a los dientes donde los pacientes aplican el producto y mantienen el tiempo necesario que pauta el dentista. Se valorará utilizar una técnica u otra, o combinarlas. Posteriormente hay que hacer revisiones sucesivas para ver la evolución, parando el tratamiento si se ha conseguido el objetivo, o bien seguir aplicando producto si creemos poder conseguir mayor aclaramiento.

Debemos parar el tratamiento cuando ya no se aprecia más cambio de color o bien cuando comience la sensibilidad; siempre supervisado por un profesional.

Después del descontrol que hubo hace unos años donde aparecieron empresas que creaban tiendas para blanqueamientos según la legislación vigente, los productos con una concentración de agente blanqueante (directas o liberadas en reacción) superiores a 0,3% de peróxido de carbamida ó 0,1% de peróxido de hidrógeno, solo pueden ser distribuidos de forma exclusiva a dentistas. Las concentraciones menores encontradas en farmacias o supermercados solo sirven para mantenimiento, su efecto es mínimo.

Existen en el mercado productos abrasivos como el carbono activado cuya acción blanqueante es por desgaste de la superficie del esmalte. No blanquean sino que rayan y pulen dando un efecto más blanco; esto es perjudicial para la salud del diente.

¿Qué riesgos hay? Es un mito que los blanqueamientos debilitan los dientes. Esto no ocurre siempre y cuando se haga un correcto diagnóstico, selección del paciente y ordenando unas pautas correctas. Según los doctores Fortes y Llena, en pocos casos es necesario usar productos para disminuir o evitar la sensibilidad.

Otro riesgo es la insatisfacción de los resultados obtenidos. Nos guiamos por cánones estéticos sobre todo televisivos, y queremos un diente muy blanco. Pero muchas veces estos famosos tienen tratamientos más complejos como son las carillas de porcelana.

Los resultados suelen ser siempre satisfactorios, aunque también encontramos colores más resistentes donde no se aprecian cambios notables.

Sentimos que en tierra de vino tinto (que tiñe) es difícil contenernos para brindar con una copa de Rioja, pero siempre nos quedará hacerlo con vino blanco, que mancha menos.

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