«La biblioteca 'de papel' no va a desaparecer pese a la digitalización de recursos»

El director de la RAE, Darío Villanueva, ayer en la UR. :: j. herreros/
El director de la RAE, Darío Villanueva, ayer en la UR. :: j. herreros

Villanueva abrió ayer en la Universidad de La Rioja la Asamblea de la Red Española de Bibliotecas Universitarias Darío Villanueva Director de la RAE

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGO

El director de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, ofreció ayer en la Universidad de La Rioja la conferencia 'Bibliotecas, lectura y nativos digitales' que sirvió para abrir la XXV Asamblea de la Red Española de Bibliotecas Universitarias (REBIUN). Este vigésimo quinto foro, que coincide con el 25 aniversario del campus riojano, contribuyó a planificar, organizar, definir y realizar un seguimiento de los proyectos de esta red que representa a todas las bibliotecas universitarias y científicas del país.

-¿Qué objetivos se ha fijado la asamblea de la REBIUN?

-La función que tiene la REBIUN desde su fundación en 1988 es coordinar todos los trabajos de las distintas bibliotecas de las universidades españolas y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para optimizar los recursos de cara a implementar los nuevos avances tecnológicos y para compartir las experiencias y los problemas que a cada biblioteca en particular se le pueden presentar.

-Uno de los procesos en los que están inmersas las bibliotecas del siglo XXI es en la incorporación de los dispositivos digitales.

-Sí. Hay que pensar que en la Edad Media las bibliotecas tenían muy pocos ejemplares y eran todos manuscritos porque la manera de difundir el conocimiento era mediante la copia de un original en los monasterios. Se trataba de un procedimiento lento, caro y con una capacidad de difusión limitada. En este sentido, la imprenta resultó una tecnología revolucionaria ya que cambió la esencia de las propias bibliotecas. Y en la actualidad estamos experimentando una nueva revolución. La solución está en un concepto que, desde principios de nuestro siglo XXI, los teóricos de la biblioteconomía han formulado como 'biblioteca híbrida'. Es decir, la biblioteca es un centro de recursos para la ciencia y para el aprendizaje, y donde coinciden documentos y soportes tradicionales y documentos digitalizados. Pero soy de los que piensan que la biblioteca 'de papel' no va a desaparecer. Va a seguir existiendo en este modelo híbrido, en el que también la digitalización resulta fundamental.

-En esa progresiva digitalización de recursos, ¿qué futuro estima que les espera a las publicaciones en soporte papel, como los periódicos impresos?

-En la RAE tenemos a dos académicos periodistas (Juan Luis Cebrián y Luis María Ansón) y ellos, que conocen muy bien la situación, piensan que inevitablemente el periódico tiene que evolucionar. No piensan que vaya a desaparecer, ni yo tampoco. Pero está habiendo una reconfiguración de todo ese espacio. Por ejemplo, es bastante significativo que los jóvenes apenas si leen ya periódicos de papel, pero eso no quiere decir que no estén informados. Los periódicos digitales desempeñan un papel fundamental a este respecto.

-¿Esto comporta algún riesgo?

-Sí. Hay un aspecto controvertido que es la sustitución de la información contrastada, que los periodistas dan bien en periódicos digitales o impresos; por la información que viene de las redes sociales que es una información caótica, no contrastada, muchas veces mal intencionada y regida por la postverdad, que es contar mentiras en parte para manipular y en parte para satisfacer las demandas emocionales de los destinatarios de la información.

-¿Y respecto de la corrección en el uso de la lengua?

-La utilización particular de la lengua, con muchas licencias, abreviaturas o emoticonos, para comunicarse con los demás a través de las redes sociales no es grave. Si, por ejemplo miramos al siglo XIX, cuando irrumpe el telégrafo, los telegramas se escribían con una lengua sincopada, sin nexos ni verbos compuestos, porque se pagaba por palabras y había que ahorrar. Lo mismo puede ocurrir ahora con las personas que se comunican a través de WhatsApp, sms o redes sociales. El problema estaría en si esas personas se permiten esas licencias tanto en el circuito privado de comunicación como en otra situación comunicativa, por ejemplo en una carta formal, o que los medios de comunicación descuidaran y despreciaran las reglas fundamentales de la lengua.

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