Bajo el influjo de Manitú

Retrato de Gerónimo, jefe de los apaches. :: r. c./
Retrato de Gerónimo, jefe de los apaches. :: r. c.

Una muestra rescata la maltrecha memoria de las tribus nativas de América del Norte

MIGUEL LORENCI

madrid. En 1898 medio millar de nativos de todas las tribus norteamericanas se reunieron en Omaha, Nebraska. Jefes, chamanes y guerreros invocaron al Gran Espíritu, Manitú, en un forzado encuentro de los pieles rojas con el hombre blanco. Aquella cita entre circense y vergonzante que quiso mostrar el modo de vivir, guerrear e invocar al 'Gran Misterio' de los primeros pobladores americanos se evoca ahora en el Museo de América de Madrid, a un paso de La Moncloa. Con su hacha de guerra y su pipa de la paz, Manitú se encarna en la muestra 'Al encuentro del Gran Espíritu', que reúne enseres, armas, tocados, ropajes, fotografías, útiles de labranza y objetos rituales de navajos, sioux arapahoes, pies negros, hopis, chiricahuas, cheyennes o apaches.

El Museo J. Paul Getty de Los Ángeles cede el grueso de las piezas de una muestra que analiza los hábitos vitales, ceremoniales, sociales y bélicos de las autodenominadas primeras naciones, habitantes primigenios de los bosques orientales, las grandes llanuras y el Suroeste de América del Norte. Pueblos sometidos y diezmados casi hasta la aniquilación por las armas, virus y leyes de los colonizadores sajones y que lo tuvieron más que crudo para salvaguardar su maltrecha memoria.

Beatriz Robledo Sanz, conservadora del Museo de América, es la comisaria de la exposición articulada en torno a un desdichado hito para estas comunidades. El Congreso Indio, eufemismo del cónclave indio en la Exposición Internacional de la Trans-Mississippi en la ciudad de Omaha en 1898. Quinientos indígenas de más de una treintena de tribus se reunieron bajo la bota del gobierno de Washington «para escenificar el dominio de la sociedad civilizada sobre las salvajes tierras del oeste americano», según explica la comisaria. Fue más una feria antropológica, un espectáculo étnico en el que Buffalo Bill ofreció su 'Wild West Show' con los indios como comparsas.

El Museo de América recrea la vida de apaches, sioux, navajos, pies negros, hopis o chiricahuas

Fotógrafos como Frank Rinehart y Adolph Muhr captaron aquella 'feria indígena'. Imágenes que atesora el museo Getty y que se muestran por primera vez en España junto a las de legendario Edward Curtis, quien mejor ilustró la forma de vida tribal en los espacios que habitaban a comienzos del siglo XX.

Un suntuoso tocado sioux de plumas de águilas y tiras de piel de armiño cedido por Ana y Bertrand de Montauzon es la pieza estelar de la muestra, en cartel hasta marzo y articulada en torno a las fotos de los jefes tribales. El icónico retrato de Gooyalé, Gerónimo para el mundo y la historia, el legendario y sometido jefe apache bendokohe, es el más reconocible de una galería en la que están el sioux Brazo Roto, el arapahoe Pequeño Pájaro, el cheyenne Tres Dedos, el assiniboine Matar al Caballo con Manchas, el tónkawa Jon William o el sioux Temeroso del Águila. Imágenes estereotipadas que «trasladan la tristeza de un pueblo dominado», según la comisaria.

Se exhibe un manto de piel de búfalo de más de dos metros de longitud y decorado con motivos simbólicos. Chaquetas y mocasines de guerreros pies negros. Sus flechas, arcos y carcajs además de telares, vasijas y varias kachinas, las muñecas rituales de los hopis. No faltan las mazas apaches, el temido hacha de guerra, ni las pipas rituales, que el cine convirtió en la pipa de la paz.

La muestra repasa también las actividades económicas de las distintas tribus, sedentarias o nómadas gracias al caballo introducido por los españoles, sus métodos agrícolas y hábitos culinarios, la construcción de tipis, el aprendizaje y los ritos de paso a la vida adulta y el papel de las mujeres a través de ajuares ceremoniales y objetos símbólicos y de estatus en unas culturas conminadas en reservas desde 1830. Forzadas así a «una ruptura cultural con su tradiciones que las desconectó de sus creencias y tradiciones en un devastador proceso de aculturación», reconoce la comisaria.

La exposición concluye con un espacio dedicado a analizar la imagen y estereotipos sobre los nativos norteamericanos fijados en la memoria colectiva a través de la literatura, el cine o los juegos. De esas películas en las que los malvados pieles rojas eran sistemáticamente vencidos y humillados por la caballería a los 'clicks' esos muñequitos de indios y yanqui con los que jugaron varias generaciones que perpetuaron el estereotipo.

Manitú o Manitu es una voz de los indios algonquinos de la hoy región canadiense Manitoba. Manitú puede traducirse como espíritu y Gitche Manitou, Gran Espíritu. Aunque su significado real más certero es Gran Conexión, se suele traducir como Gran Espíritu Superior, el Creador de todas las cosas y Dador de vida al que los indios invocaban como Gran Misterio. Es, en definitiva, un espíritu sagrado y protector que ayuda en la caza en la guerra y en el vida.

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