BAILANDO EN MEDIO DEL DESIERTO

Si la llamada sección oficial de la programación de cine de Actual 2018 se desplaza al Teatro Bretón es aconsejable, por el bien de los cinéfilos, no perder de vista las proyecciones matinales en la sede de la Filmoteca Riojana Rafael Azcona.

La primera película que abre este indiscutible y muy recomendable ciclo es una producción que viene de Israel firmada por el autor Samuel Maoz. Foxtrot se presentó en el festival de Venecia cosechando el premio del público. En la Seminci de Vallodolid estaba integrada en su sección a concurso. A juicio de quien esto firma uno de los más apreciables largometrajes, sino el mejor de cuantos se vieron en la ciudad castellana.

Dividida en tres actos Foxtrot es una sutil alegoría sobre el estado de permanente alerta en la que viven los soldados israelís. Su título alude a un simpático baile cuya regla consiste en iniciar los pasos de tal manera que vuelves a la posición de origen. Esta característica se traslada de manera muy peculiar a la estructura de la película.

Foxtrot es uno de los más apreciables largometrajes de cuantos se vieron en la Seminci de Valladolid

En el primer capítulo, de sombría luz y planos férreos, un matrimonio con problemas reciben la triste noticia del fallecimiento de su hijo destinado en un puesto fronterizo en medio de la nada. El dolor por la pérdida no es nada comparable con los reproches y culpabilidades que se reparte la pareja. Una atmósfera tenebrista y sensación claustrofóbica. La animadversión se ve y se palpa. Los actores, Lior Ashkenazi y Sarah Adler, incontenibles en su desasosiego. Drama casi bergmaniano.

El segundo bloque acontece en el puesto fronterizo. Una zona desértica. Sin otra cosa que hacer, los soldados sólo tienen que registrar el coche y ocupantes que quieren entrar en suelo israelí. Uno de ellos es el hijo del matrimonio de la primera parte. Su misión es aburrida y de vez en cuando se entretienen viendo pasar un camello (¡ojo al camello! No le perdáis de vista). Incluso en ratos de ocio un soldado baila un foxtrot. Quizá aquí esté lo mejor de la película. Sobre todo por el tono esperpéntico y surrealista. Maoz recurre a la comedia. Pero no para troncharse de risa. Un inesperado acontecimiento sacude la conciencia de los vigilantes.

En el tercer segmento volvemos al punto de partida. El círculo se cierra en un registro que bascula entre la alegría y la tragedia. Consecuencia de que el baile es así y nadie puede modificar sus preceptos. Te mueves para llegar a la casilla de salida. Y si ese día toca negro, pues es lo que hay.

Una gran película.

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