Los astrónomos detectan las primeras estrellas del Universo

Encuentran los restos más antiguos de hidrógeno, un gas presente en las fuentes luminosas hace 180 millones de años después del Big Bang

A. D.

Un equipo de astrónomos liderado por la Universidad Estatal de Arizona ha logrado detectar señales relacionadas con la aparición de las primeras estrellas en el universo tras millones de años de oscuridad. En su investigación, cuyos resultados se publican esta semana en la revista 'Nature', han utilizado un pequeño radiotelescopio en Australia construido para esta misión que les ha permitido detectar la evidencia más antigua de hidrógeno. El gas estaba en un estado que solo hubiera sido posible en presencia de las primeras fuentes luminosas, que habrían comenzado a brillar 180 millones de años después del Big Bang.

Si este descubrimiento se confirma, podría cambiar nuestra visión del cosmos y ayudar a comprender mejor el misterio de la materia oscura, invisible para los telescopios. «Hay que ser muy prudente», declaró ayer Benoit Semelin, astrofísico del Observatorio de París. «Pero si se confirma la observación, implicará modificar los modelos sobre el nacimiento del universo».

Los astrónomos suelen referirse a la época de nacimiento de las primeras estrellas, ninguna de las cuales sobrevive hoy en día, como el alba cósmica. Antes de ese momento, el hidrógeno, el elemento más abundante en el universo, era prácticamente invisible. El coautor del estudio publicado en 'Nature', Alan Rogers, explica que lo que han detectado es «la primera señal real de que las estrellas comienzan a formarse y, por lo tanto, a afectar al medio que las rodea». La radiación que emiten al parpadear en un medio que antes carecía de luz «está comenzando a permitir que se vea hidrógeno». Hace que el gas «comience a absorber la radiación de fondo, por lo que se empieza a ver en silueta, a frecuencias de radio particulares».

En las ondas de radio que han detectado hay características que sugieren que el gas de hidrógeno y el universo en su conjunto deben haber sido dos veces más fríos de lo que habían estimado previamente los científicos, con una temperatura de unos -454 grados Farenheit.

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